sábado, 6 de junio de 2026

El arte de dejar de «encajar» para empezar a SER

 A veces, la vida se convierte en un ejercicio silencioso de encorsetamiento. Pasamos los días ajustando nuestras palabras, moderando nuestras intuiciones y limando las aristas de nuestra personalidad para alcanzar una meta que se nos presenta como indispensable: encajar.

Con frecuencia, esa poda constante no nace únicamente de la presión exterior. Brota también de un miedo más profundo: el temor a nuestra propia singularidad. Nos incomoda destacar, ser diferentes, mostrar aquello que nos hace únicos. Preferimos la seguridad de la aceptación al riesgo de la autenticidad.


Sin embargo, existe una diferencia esencial entre encajar y pertenecer. Encajar consiste en adaptar nuestra forma para ocupar un lugar; pertenecer consiste en descubrir que ya tenemos un lugar porque somos amados. Encajar es una cuestión de geometría; pertenecer es una cuestión de latido.

Santa Catalina de Siena nos dejó una advertencia que es, al mismo tiempo, una promesa cargada de esperanza:

«Si sois lo que debéis ser, ¡prenderéis fuego al mundo entero!»

Estas palabras no son una invitación al individualismo ni a la autoafirmación narcisista. Son una llamada a descubrir la verdad más profunda de nuestra identidad. Porque ser uno mismo no significa hacer siempre lo que uno desea, sino llegar a ser aquello para lo que ha sido creado.

Desde la espiritualidad cristiana, la pregunta decisiva no es: «¿Cómo puedo encajar?», sino: «¿Quién me llama Dios a ser para los demás?».

Ese descubrimiento exige discernimiento. Requiere aprender a distinguir entre las voces que nos empequeñecen y aquellas que nos conducen hacia una vida más plena, más libre y más fecunda. Y ese camino suele comenzar precisamente allí donde terminan las máscaras.

Quizá por eso aprendemos a encogernos, a suavizar lo que somos, a rebajar nuestra verdad para no incomodar. Pero ese gesto, tan socialmente aceptado, tiene un precio elevado: vivir lejos de nosotros mismos.

Nos han enseñado que el corsé de la aceptación es sinónimo de seguridad. Sin embargo, hay una extraña melancolía en convertirse en la pieza perfecta de un rompecabezas que no nos pertenece. Porque la realidad es más honda de lo que parece: podemos encajar en muchos lugares y, aun así, no sentirnos en casa.

El verdadero crecimiento personal no consiste en perfeccionar el corsé, sino en tener el valor de quitárselo. No consiste en aprender a amoldarse continuamente, sino en descubrir quiénes estamos llamados a ser y vivir desde esa verdad.

El espejismo de la queja compartida

Hoy es fácil caer en entornos donde la queja se convierte en el lenguaje común. Casi sin darnos cuenta, podemos vernos rodeados por una cultura de insatisfacción permanente, donde el agobio se normaliza y el reproche acaba transformándose en una forma de relación.

En esos contextos, la queja actúa como un pegamento social. Nos valida momentáneamente, nos hace sentir comprendidos y crea una sensación de pertenencia. Sin embargo, también puede mantenernos inmóviles. Es más fácil lamentarse juntos que atreverse a cambiar.

La queja ofrece una ilusión de alivio, pero rara vez genera transformación. Acaba consumiendo la energía que podría emplearse en construir, agradecer o servir.

Hablar de gratitud, esperanza o misión en medio de esa dinámica puede parecer extraño, incluso incómodo. Y tal vez sea así. No porque quienes intentan vivir desde esos valores sean mejores que los demás, sino porque una vida orientada al sentido cuestiona silenciosamente la comodidad de la resignación.

Las personas que descubren un propósito suelen dejar de preguntarse únicamente qué les falta para comenzar a preguntarse qué pueden ofrecer.

La sabiduría del corazón sin corsé: volver a ser niños

Frente a esta lógica, Jesús propone algo desconcertante y profundamente liberador:

«Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos» (Mt 18,3).

Los niños viven sin corsé. No calculan constantemente su imagen ni miden su valor comparándose con los demás. No necesitan adherirse a la queja para sentirse parte de algo; simplemente viven, confían, se asombran y reciben la realidad como un regalo.

Ser como niños no significa caer en la ingenuidad ni renunciar a la madurez. Significa recuperar la transparencia, la confianza y la capacidad de asombro que muchas veces perdemos al crecer. Significa volver a mirar la vida sin el peso excesivo de la comparación, del miedo o de la necesidad permanente de aprobación.

El Reino del que habla Jesús no es únicamente una promesa futura. Es también una manera de habitar el presente: sin máscaras, sin rigidez, sin necesidad de aparentar. Un modo de vivir desde la confianza de quien sabe que no necesita demostrar constantemente su valor porque ya se sabe amado.

Jesús: la fidelidad al SER y la lógica de la misión

En la tradición cristiana, Jesús encarna de forma radical esta libertad interior. No vivió para encajar en las expectativas de su tiempo, sino para permanecer fiel a la verdad que habitaba en su interior y a la misión recibida del Padre.

Comprendió algo esencial: la vida no es simplemente una suma de obligaciones que soportar, sino una misión que ofrecer.

Por eso su forma de actuar rompía esquemas:

  • Tocó al leproso (Mc 1,40-45), atravesando las fronteras de la exclusión.
  • Sanó en sábado (Mc 3,1-6), mostrando que el amor está por encima de cualquier formalismo.
  • Compartió mesa con pecadores y marginados, revelando que nadie queda fuera del alcance de la misericordia de Dios: «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10)
  • Habló un lenguaje nuevo que descolocaba a quienes habían convertido la religión en una cuestión de cumplimiento externo: «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 9,13).

A menudo fue incomprendido. Mientras unos hablaban de normas, Él hablaba de vida. Mientras unos defendían privilegios, Él proponía servicio. Mientras muchos buscaban seguridad, Él invitaba a la confianza.

Su coherencia no generó seguidores cómodos, sino personas transformadas. Hombres y mujeres que descubrieron que existe una alegría más profunda que la simple comodidad: la alegría de vivir con sentido.

Jesús no preguntaba a las personas dónde encajaban. Les ayudaba a descubrir quiénes podían llegar a ser.

El cultivo de la interioridad: la puerta de la libertad

En un mundo hiperconectado y orientado constantemente hacia el exterior, existe un riesgo creciente: terminar viviendo desde las expectativas ajenas y perder el contacto con la propia verdad interior.

Por eso resulta tan necesaria la llamada que el Papa León XIV ha dirigido recientemente a cultivar la interioridad. Quien no habita su propio interior acaba habitando las opiniones, las exigencias y los ritmos de los demás.

La interioridad no es un refugio para alejarnos del mundo. Es el lugar donde aprendemos a escucharnos con profundidad, a reconocer lo que sucede dentro de nosotros y a discernir qué voces nos conducen hacia la vida y cuáles nos alejan de ella.

En esta misma línea, Elena Andrés Suárez define la interioridad como una auténtica «puerta de la libertad». Educar la interioridad significa aprender a vivir desde dentro hacia fuera y no al revés. Significa descubrir un centro de gravedad interior que nos permita permanecer en pie incluso cuando todo alrededor parece empujarnos en otra dirección.

Solo quien se atreve a escuchar su propio silencio puede reconocer aquello que verdaderamente habita en su corazón. Solo quien se conoce ante Dios deja de depender excesivamente de la mirada de los demás.

La interioridad es, quizá, el antídoto más eficaz contra el encorsetamiento. Porque cuando una persona descubre quién es ante Dios, deja de vivir obsesionada por encajar y comienza a vivir disponible para amar, servir y ofrecer lo mejor de sí misma.

Conclusión

No has sido creado para diluirte en expectativas ajenas ni para convertirte en una versión reducida de ti mismo. Has sido llamado a una existencia única e irrepetible, con una misión que nadie puede realizar en tu lugar.

Elegir SER no significa vivir al margen de los demás, sino vivir desde el centro más verdadero de uno mismo. Significa dejar de buscar compulsivamente la aprobación para comenzar a ofrecer la propia vida como servicio. Significa descubrir que la autenticidad no termina en el yo, sino que se abre al tú y al nosotros.

Por eso Jesús no invitó a sus discípulos a encajar en el mundo, sino a transformarlo desde dentro. Antes de decirles lo que debían hacer, les recordó quiénes eran:

«Vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,13-16).

La sal no necesita imponerse para dar sabor.

La luz no discute con la oscuridad para iluminar.

Simplemente son lo que están llamadas a ser.

Quizá ahí resida el secreto de toda vida espiritual: dejar de gastar energía intentando encajar y comenzar a emplearla en responder a la llamada que habita en lo más profundo del corazón.

Porque cuando una persona vive reconciliada con quien es ante Dios, deja de preguntarse dónde encaja y empieza a preguntarse para quién puede ser luz.

Preguntas para la reflexión

  • ¿Cultivas espacios de interioridad que te permitan descubrir quién eres y discernir qué voces orientan tu vida?
  • ¿Hay algún corsé —expectativas, miedos, comparaciones o necesidad de aprobación— que te esté impidiendo vivir con mayor libertad?
  • ¿Tu labor diaria es hoy una carga que soportas por inercia o una misión que eliges ofrecer con gratitud?
  • ¿Qué sucedería en tu vida si dejaras de preocuparte tanto por encajar y comenzaras a preguntarte cómo puedes ser luz para los demás?

jueves, 7 de mayo de 2026

Educar el ser en un mundo complejo: Experto en EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD para el curso 26-27

 En un sistema educativo que a menudo prioriza los resultados y la inmediatez, surge una pregunta necesaria: ¿Quién enseña a nuestros alumnos a escucharse a sí mismos?

Hoy quiero compartir con vosotros una formación que considero transformadora, no solo para el currículum, sino para la vida. Se trata del Experto Universitario en Educación de la Interioridad en Centros Educativos, impartido en el prestigioso Campus Universitario La Salle de Madrid para el próximo curso 2026-2027.

¿Por qué esta formación es diferente?

Este título de postgrado no es solo teoría académica; es un viaje personal. Bajo la dirección de Elena Andrés Suárez, referente indiscutible y pionera en el ámbito de la educación de la interioridad en España, este curso propone un modelo donde el educador "vive la experiencia" antes de llevarla al aula.

Los tres pilares del curso:

  1. Acompañamiento: Aprenderás a ser un guía para que tus alumnos descubran su mundo emocional, espiritual y corporal.

  2. Pedagogía propia: Basado en el sistema desarrollado por Elena Andrés, que ya se aplica con éxito en cientos de centros educativos de España, Portugal y Latinoamérica.

  3. Equilibrio: Una metodología semipresencial que combina la flexibilidad del trabajo online con la potencia de los talleres vivenciales en Madrid (en el Campus Universitario La Salle).

¿A quién va dirigido?

Está diseñado para maestros de Infantil y Primaria, profesores de Secundaria, orientadores, equipos directivos y responsables de pastoral que sientan que la educación debe ir más allá de la transmisión de datos. Es para aquellos que buscan humanizar el aula y dotar a los alumnos de herramientas de resiliencia y autoconocimiento.

¿Cómo inscribirse o pedir información?

Si sientes que es el momento de liderar el cambio hacia una educación más profunda y consciente en tu centro, te animo a que no dejes pasar esta oportunidad. Las plazas suelen estar muy demandadas debido al carácter práctico y vivencial de los grupos.

👉 Más información e inscripciones: Puedes contactar directamente con el departamento de posgrados del Campus La Salle Madrid a través de su web oficial (clica en la imagen)


Educar la interioridad no es una moda, es la respuesta a la necesidad más profunda del ser humano: saber quién es para poder entregarse a los demás.



martes, 7 de octubre de 2025

La primera piedra: misericordia, juicio y la revisión de la conciencia interior

El pasaje evangélico de la mujer sorprendida en adulterio (Jn.8,1-11) no es solo una historia sobre el perdón. Es, además, una de las lecciones más profundas que Jesús ofrece sobre la compasión, el juicio y la conciencia interior. Es una escena tensa y cargada de furia, donde un grupo de hombres, con la Ley de Moisés en una mano y la piedra preparada en la otra, exigen la muerte de la mujer sorprendida en adulerio.

"Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio. La ponen en medio" (Jn.8,3).

La mujer, humillada, es un mero instrumento en una trampa legal y moral preparada para Jesús. El maestro es forzado a elegir entre la Ley (lapidar) y su mensaje de misericordia. Pero Jesús, en lugar de responder a la Ley judía o a la turba enfurecida, hace algo radicalmente distinto: se inclina y comienza a escribir en el suelo.

1. Un gesto radical: Una PAUSA

El gesto de Jesús es un gesto radical al recogimiento y al silencio interior en el relato.

En medio del caos y la expectación violenta, Jesús modela una calma radical. Su acto de inclinarse y escribir no es solo una distracción; es una pausa reflexiva que rompe el ciclo de la indignación moral y el juicio. Nos enseña que, antes de reaccionar, es vital retirarse al silencio interior.

Con este gesto, Él obliga a todos los presentes a detenerse.

"Pero como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le tire la primera piedra»" (Jn. 8,7).

El enfoque pasa del objeto de juicio (la mujer) a la propia condición humana (a cada uno de los allí presentes).

2. La piedra que cada uno sostiene

La piedra que cada hombre sostiene en la mano es la metáfora perfecta de nuestro juicio rápido, de nuestra certeza moral y de la violencia que estamos listos para ejercer sobre el otro. Pero la frase de Jesús es un grito al interior de cada uno que exige un examen de conciencia inmediato.

Jesús no niega el pecado de la mujer. Lo que hace es redirigir el foco: la pregunta no es si ella merece ser juzgada, sino si nosotros tenemos la autoridad moral y espiritual para ejecutar ese juicio. Nadie está libre de pecado y, por lo tanto, el juicio implacable se vuelve imposible para el ser humano.

3. El silencio y la caída de las piedras

"Al oír esto, se fueron yendo uno a uno, empezando por los más viejos" (Jn.8, 9).

Esta es la consecuencia de conectar con la propia conciencia. Los más viejos, con la experiencia de sus propias caídas, son los primeros en sentir el peso de su hipocresía. La retirada de la turba no es solo física, es un regreso al yo. La piedra cae no por una orden o mandato, sino porque la conciencia personal la hace insostenible.

Un corazón que realiza un trabajo interior consciente y constante es incapaz de ser el primer acusador. El discernimiento interno lleva siempre a la humildad, nunca a la condena.

4. La misericordia activa: un nuevo envío

Al final, Jesús se queda solo con la mujer. El juicio ha terminado; comienza la misericordia activa.

"Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le contestó: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más»" (Jn.8,10-11).

Aquí reside la clave del acompañamiento espiritual y de todo proceso educativo basado en el respeto a la persona. Es un perdón incondicional ("Tampoco yo te condeno") seguido de un envío liberador ("Vete, y en adelante no peques más"). Jesús ofrece un nuevo comienzo, una oportunidad de vida.

La esencia de nuestro ser interior más genuino no es juzgar al otro, sino acompañarlo desde la propia verdad humilde, ofreciendo el espacio para la transformación y la esperanza. La persona que deja caer la piedra en su propia conciencia es la única que puede realmente acompañar a otros a levantarse.

Para la reflexión interior

En la travesía de la vida, siempre habrá una piedra en nuestra mano. ¿Qué nos exige la conciencia para que esa piedra caiga? Te invito a tomar un momento de silencio y revisar con honestidad dónde está el foco de tu juicio. ¿Hacia fuera, o hacia dentro? Solo la revisión constante de la nuestra conciencia nos libera de ser el verdugo para convertirnos en el acompañante.



miércoles, 27 de agosto de 2025

EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD: Cursos online 2025-26

 

LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD Y EL PACTO EDUCATIVO GLOBAL

El año Jubilar de 2025, con el lema "Peregrinos de la Esperanza", supone una oportunidad para renovar el compromiso de responder con diligencia, pasión y responsabilidad a construir juntos un Pacto Educativo "Glocal" como medio para impulsar el Pacto Educativo Global.

Desde la propuesta pedagógica de la Educación de la interioridad, deseamos ofrecer a los educadores las reflexiones y concreciones didácticas necesarias para entrar en esa "esencia exodal" que señala el documento del Pacto Educativo «Glocal».

Dentro de las propuestas formativas que provienen de Experto Universitario en Educación de la Interioridad, hemos preparado 5 cursos monográficos sobre Educación de la Interioridad que se impartirán online durante el curso 2025-26.

Cada curso es independiente, pero todos juntos ofrecerán una completa descripción de lo que la EI aporta al PEG y su alineación con los Objetivos de Desarrollo Interior.

PINCHA EN LA IMAGEN PARA MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES.



domingo, 9 de junio de 2024

EXPERTO UNIVERSITARIO EN EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD 2024-2025


Un año más, desde el Campus Universitario La Salle, Madrid, ofrecemos este servicio pensado para los y las educadores/as. Se trata de la NOVENA edición del Experto Universitario de Educación de la Interioridad para Centros Educativos.

Nuestro Posgrado se ha enriquecido a lo largo de los años gracias a cada uno de los grupos de educadores/as que ha transitado este proceso formativo que aúna la experiencia personal y la reflexión pedagógica.



Adentrarse en la propia interioridad es la condición indispensable para poder acompañar en el aula aquello que denominamos Educación de la Interioridad (EI). Nuestra propuesta formativa favorece que cada educador/a viva una experiencia en primera persona, descubra caminos nuevos o asiente los ya conocidos para el cultivo de su propia dimensión interior. Tras la experiencia personal, el diálogo y la iluminación didáctica van haciendo que cada profesor/a se haga con un conjunto de aprendizajes vitales y pedagógicos que le capaciten para comprender mejor y aplicar convenientemente las estrategias de este modelo de EI.

Trabajamos en torno a tres contenidos: el trabajo corporal, la integración emocional y la apertura a al trascendencia/Trascendencia, siendo este último contenido el horizonte hacia el que se encamina todo el proceso. Queremos acompañar al alumno, pero también al claustro educativo en la búsqueda de respuesta a esas dos preguntas clave para todo ser humano: "quién soy" (identidad) y "para qué/por qué soy" (sentido).



DESARROLLO DEL POSGRADO: Nuestro Posgrado comienza en el mes de octubre y concluye en el mes de junio. El proceso se desarrolla con talleres presenciales en Madrid que comienzan el viernes por la mañana y concluyen el sábado a mediodía e itinerarios virtuales de una semana de duración que concluyen con una conexión en directo con el profesor/a. 

Durante el proceso formativo, el alumno del Posgrado va elaborando su portfolio personal para recopilar sus aprendizajes y reflexiones de modo que con todo ello elabore el Trabajo Final de Posgrado que pretende ser una propuesta concreta de EI para su centro educativo. Así, cada profesor/a que termina el Posgrado, puede presentar en su centro una propuesta bien elaborada y supervisada que ayude a crear o a mejorar el programa de EI de su institución educativa.

¡ANÍMATE A VIVIR ESTA EXPERIENCIA FORMATIVA Y SER UN/A "CAMIRANTE" Y PIONERO/A DE NUESTRO MUNDO INÉDITO!

TE ESPERAMOS


PARA MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES HAZ CLICK EN LA IMAGEN👇



viernes, 7 de junio de 2024

ANHELO y DESEO

 "Jesús les dijo:

Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre;

y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Jn.6,35)

La vida humana está marcada por una serie de búsquedas y aspiraciones que reflejan tanto nuestros deseos como nuestros anhelos. Estas dos fuerzas guían nuestros pasos y modelan nuestras experiencias de felicidad y de propósito vital.

Los deseos son impulsos naturales que nos motivan a actuar y a alcanzar metas tangibles. Buscamos satisfacer necesidades básicas como la comida, el refugio y la seguridad, así como ambiciones más complejas como el éxito profesional, el reconocimiento social y el bienestar material. Estos deseos, cuando se cumplen, nos proporcionan una sensación de logro y placer. Sin embargo, esta felicidad es a menudo temporal, ya que un nuevo deseo pronto emerge, manteniéndonos en un ciclo continuo de búsqueda y satisfacción.

En contraste, el anhelo representa una búsqueda más profunda y honda que va más allá de las necesidades inmediatas. Es un impulso interno que nos dirige hacia la trascendencia, hacia las preguntas existenciales sobre el propósito de la vida, el significado de nuestra existencia y nuestra conexión con algo más grande que nosotros mismos. Este anhelo se manifiesta en la búsqueda de la verdad, la belleza, la bondad y, en última instancia, de lo divino. Según el texto que a continuación cito, el anhelo de Dios es una fuerza innata que nos recuerda que nuestro hogar definitivo no está en este mundo material, sino en una realidad espiritual más elevada.

En el fondo del alma de cada ser humano late un anhelo de Dios. Es el saber innato de que nuestra patria no está en esta tierra, sino en Dios. En Él está nuestro hogar.

Este anhelo no es un deseo. El deseo quiere poseer, satisfacer exigencias y alcanzar metas que pertenecen a nuestro mundo limitado. Deseo un trozo de pan o deseo que haga buen tiempo, deseo hacerme rico o tener éxito en esta discusión. El deseo se relaciona con algo que quiero tener. Sirve al yo. Puedo desear algo apasionadamente y, si lo alcanzo, el deseo cesa.

El anhelo es cualitativamente distinto. Su fuente se encuentra en lo más profundo. Tiene su origen en el fondo del alma y se dirige siempre a nuestra patria definitiva, a la vida eterna, a Dios. El anhelo busca regalarse y entregarse a Dios. San Agustín expresa bellamente esta verdad: “Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

La búsqueda de la vida eterna depende de este anhelo. En la mayoría de los casos, el anhelo se despierta mucho tiempo después que nuestros deseos. El anhelo nos da fuerzas para el camino espiritual y no cesa hasta que está totalmente en Dios.

El anhelo se desarrolla en cada ser humano de manera diferente […]

Cuando la Sagrada Escritura habla de la vida eterna, del Reino de los Cielos o del Mesías, cuando dice algo sobre la muerte y la resurrección, cuando comunica algo sobre Cristo, el Padre o el Espíritu, está hablando de nuestros anhelos.

Este anhelo es una brújula que nos orienta hacia Dios y nos asegura que Dios nos llama y nos espera. El tramo del camino espiritual en el que el hombre se encuentra y aquel hacia el que puede ser conducido depende de la intensidad con que este anhelo de Dios se haya despertado en el hombre y de su capacidad de entrega al mismo.

[…] Todo acompañante espiritual tiene que desarrollar un sexto sentido para captar el anhelo de aquellos a quienes acompaña. En efecto, el anhelo determina dónde y cómo se les puede acoger. El anhelo es la antena para la vida eterna.

(Franz Jalics, “Jesús, maestro de meditación”. PPC, 2014)

Así, teniendo en cuenta el texto citado se puede decir lo siguiente sobre el anhelo y el deseo:

ANHELO

DESEO

Origen profundo: Surge de lo más profundo del alma, no es algo superficial o pasajero.

Naturaleza espiritual: Se relaciona con aspectos espirituales y trascendentales, como el deseo de unión con lo divino o la búsqueda de un propósito mayor.

Inquietud constante: Es un sentimiento persistente que no se apaga con la satisfacción de deseos materiales. San Agustín lo describe como una inquietud del corazón que solo se calma en Dios.

Trascendencia: Se dirige hacia la eternidad y lo que está más allá de nuestra existencia terrenal, buscando un sentido y un hogar en lo eterno.

Regalo y entrega: Implica un deseo de entregarse, de donar el ser a algo más grande y significativo que uno mismo.

Origen superficial: Generalmente nace de necesidades o impulsos inmediatos, que pueden ser físicos, emocionales o materiales.

Naturaleza material: Está ligado a la satisfacción de necesidades tangibles y concretas, como la comida, el éxito, o las condiciones ambientales.

Satisfacción temporal: Una vez que se alcanza el objeto del deseo, este se disipa, y puede ser reemplazado por nuevos deseos.

Individualidad: Sirve principalmente al yo, centrándose en lo que uno quiere tener o alcanzar para sí mismo.

Pasión efímera: Aunque puede ser intenso, el deseo es pasajero y cambia con el tiempo y las circunstancias.

En resumen, mientras el deseo busca satisfacer necesidades y ambiciones terrenales y temporales, el anhelo busca una realización profunda y eterna en la conexión con lo divino.

La vida plena puede reconocer y equilibrar ambas dimensiones: satisfacer nuestros deseos materiales de manera saludable mientras cultivamos y respondemos a nuestros anhelos más profundos. Ignorar nuestros deseos puede llevar a la insatisfacción y la falta de motivación, mientras que descuidar nuestros anhelos puede resultarnos en una vida vacía y carente de propósito.

El desafío está en aprender a discernir y priorizar. La sabiduría reside en entender que los deseos pueden proporcionar felicidad momentánea, pero no deben ser el único motor de nuestra vida. Al mismo tiempo, debemos nutrir nuestros anhelos, buscando un propósito más elevado y una conexión espiritual que pueda darnos una paz y felicidad duraderas.

En la travesía de la vida, nos movemos entre satisfacer deseos y responder a anhelos. Al buscar un equilibrio entre lo material y lo espiritual, podemos encontrar una forma de vida que no solo nos proporciona satisfacción temporal, sino también una profunda y duradera sensación de propósito vital y plenitud. Reconociendo y honrando ambos aspectos, nos abrimos a una experiencia más rica y completa de lo que significa ser humano.

Comenzábamos esta reflexión con la siguiente cita: "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Jn.6,35)

Esta cita muestra cómo Jesús satisface el anhelo espiritual más profundo de las personas, para el que cristiano este anhelo llega a su cumplimiento en la relación personal con Jesús.

Para terminar, sólo invitaré al lector a participar de los EJERCICIOS ESPIRITUALES del 5 al 10 de agosto en la Casa de espiritualidad Ain Karim, Haro, La Rioja. Momento para conectar con el Dios Padre que nos habita.


(Haz clic en la foto)



domingo, 6 de agosto de 2023

EXPERTO EN EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD 2023-2024

¡El verdadero aprendizaje ocurre cuando tú te conviertes en el experto!

(Pincha sobre la imagen)


Esta que te presentamos, es la novena edición del Experto Universitario. Hemos aprendido mucho en estos años. Cada grupo de alumnos nos ha aportado algo que nos ha ayudado a mejorar más y más la propuesta. Este año nuestro modelo evoluciona porque no podía ser de otra forma. Respondemos a la realidad apostando por un modelo que conjuga los itinerarios formativos online con las sesiones presenciales o talleres en el Campus La Salle de Madrid.




Entender y practicar la Educación de la Interioridad como un paradigma pedagógico es la propuesta concreta de este camino formativo que os ofrecemos. 

La densidad del momento que como humanidad hemos vivido y seguimos viviendo derivada de la pandemia, nos ha hecho terminar de abrir los ojos al hecho de que, en el aula los alumnos, y toda la comunidad educativa, necesitamos reconectar con las fuentes internas de fuerza y sentido creando en el día a día escolar un ritmo y unas propuestas que nos nutran internamente y nos permitan transitar este momento en el que la incertidumbre ha dejado de ser un concepto más o menos difuso, para pasar a ser una experiencia que nos atraviesa como individuos y sociedad.

El modelo de Educación de la Interioridad que impartimos, entiende ésta como “aprender a ser cuidando el ser”. Nos situamos dentro de las competencias básicas, de los aprendizajes competenciales que favorezcan que los alumnos, tras sus años de escolarización, puedan seguir construyendo su vida desde cimientos recios, siendo capaces de “mirar más allá” porque saben ir “más adentro”.