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domingo, 23 de abril de 2023

CAMINO DE EMAÚS

 Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas...

me quemé la mano (Antonio Machado)


 El relato evangélico del camino de Emaús que encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc.24,13-35) narra, de forma preciosa y sugerente, la experiencia del resucitado de dos discípulos que se dirigen hacia Emaús, cabizbajos y desanimados. Mientras se alejan de Jerusalén lloran, en su corazón, la pérdida de su maestro, lloran la pérdida de su grupo de amigos, lloran la pérdida de un proyecto común, lloran…

 De camino a Emaús, un extraño se une a ellos y comienzan a hablar sobre los acontecimientos recientes en Jerusalén, incluyendo la muerte de Jesús. Haciendo camino, el extraño les explica las Escrituras y les muestra cómo la palabra de Dios Padre se cumple en Jesús. Ya de noche, hacen un alto en el camino, los dos de Emaús invitan al extraño a comer con ellos y, al partir el pan, los ojos de los discípulos se abren y reconocen en el extraño a Jesús resucitado.

 En un mundo donde la soledad y el aislamiento pueden ser problemas cada vez más reales, el relato de Emaús nos muestra la importancia de la comunidad y la comunión con los demás en el día a día. Los discípulos se apoyan mutuamente en su tristeza y confusión, y su fe se fortalece cuando comparten su experiencia y perciben en su corazón a Jesús resucitado. Después de reconocer a Jesús, los dos de Emaús “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén; encontraron reunidos a los Once con sus compañeros. Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

 En mundo donde sólo creo lo que veo, el relato del camino de Emaús nos recuerda que la presencia de Jesús está siempre con nosotros, aunque a veces no lo reconozcamos. Los dos de Emaús caminaron con Jesús durante todo el camino sin reconocerlo, pero cuando abrieron sus ojos y su corazón, finalmente pudieron reconocerlo (¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba por el camino…?) Esto nos ha de hacer conscientes que la presencia de Dios está siempre a nuestro alrededor. Y que necesitamos estar atentos y abiertos para poder reconocerlo, sobre todo en el prójimo, reflejo vivo de Jesús resucitado.

 El relato enfatiza la importancia de la Escritura y la enseñanza. Jesús, “Tomando pie de Moisés y los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. El extraño explica las Escrituras a los discípulos y les muestra cómo se cumplen en Él. Esto nos recuerda que la lectura continuada de la Biblia, sobre todo de los evangelios, son esenciales para profundizar en nuestra comprensión de la vida de fe y nuestra relación con Dios. Escribamos nosotros también nuestro relato bíblico, escribamos nosotros también nuestra experiencia de Dios y hagámosla vida en el camino que nos toque andar.

 La historia del camino de Emaús es, pues, un recordatorio poderoso de la importancia de la comunidad de fe, de la apertura a la presencia de Dios en nuestras vidas a través de la relación con el otro y de la enseñanza que habita los textos sagrados que nos ayuda a madurar nuestra fe. ¡JESÚS VIVE EN NUESTROS CORAZONES, ALELUYA, ALELUYA!



sábado, 4 de diciembre de 2021

“Anda, tú fe te ha curado” (Mc.10,52)

 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

El punto de partida es una de las tantas miserias que afligen a los hombres: se trata de un hombre ciego. Conocemos su nombre, Bartimeo, y la localidad donde vive, Jericó. Su condición le obliga a adoptar una actitud pasiva: permanecer sentado y vivir al margen: «Estaba sentado junto al camino» (v. 46)

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

- «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».

El paso de Jesús le da bríos y vitalidad a este hombre, que grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:

- «Hijo de David, ten compasión de mí».

El que habla es un ciego, ciertamente la persona menos indicada para formular afirmaciones teológicas comprometedoras. Mejor hacerle callar y garantizar la tranquilidad. Pero no hay nada que hacer. El ciego grita más fuerte y eleva su jaculatoria hasta hacerse oír por Jesús.

Jesús se detuvo y dijo:

- «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

- «Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús no es sordo -ni de oídos ni de corazón- y manda que llamen al ciego. Tal vez los mismos que querían hacerle callar se ven obligados a llevarlo ante Jesús. Las palabras con que le llaman son ya todo un programa: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49)

Bartimeo recibe la oferta con entusiasmo. Ya no le importa lo que posee, el manto, y lo abandona para acercarse a Jesús. Esta acción puede tener un gran significado: es preciso desembarazarse de todo para ir a Jesús. Lo importante es el encuentro con Jesús; el resto cuenta poco o nada...

Jesús le dijo:

- «¿Qué quieres que haga por ti?».

El ciego le contestó:

- «Maestro, que pueda ver».

Jesús le dijo:

- «Anda, tu fe te ha curado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Ése es el sentido de la pregunta de Jesús, que no quiere poner al ciego en una situación embarazosa. Jesús, de un modo delicado, pone a la persona en una situación cómoda, de forma que pueda responder... La fe de Bartimeo, en este caso su testaruda constancia, ha producido el milagro. Ahora es un hombre transformado: está de pie, es capaz de andar y eso mismo le da la capacidad de ver de otra manera (desde otra perspectiva). La transformación completa llega con la nota final: Bartimeo se pone en pie y sigue a Jesús (y mira con la mirada de Jesús). Deja de ser el ciego sentado al margen del camino y se convierte en caminante que sigue a Jesús.



sábado, 10 de marzo de 2018

VE MÁS ALLÁ


Ya llevo un tiempo en el que esta expresión vuela por mi fuero interno, no es que le haya dado mucha relevancia, pero el hecho es que no se me hace desconocida y en estos dos días que llevo en la casa de espiritualidad de Ainkarim que tiene la Compañía de María en Haro ha emergido con fuerza: ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡VE MÁS…!

 (Casa de espiritualidad Ainkarim de Haro)

¡VE MÁS ALLÁ! La voy repitiendo dentro de mi intentando descubrir que pide Dios de mi, fijándome en la figura de Jesús, de María, de Juana de Lestonnac, de…, de tantos y tantos seguidores de Jesús que han incorporado a su vida este expresión que ciertamente nos pone en camino y nos moviliza a…

Sí, yo he estado parado a la vera del camino, instalado en la queja insaciable, mirando mi ombligo insignificante, haciendo lo mínimo necesario, creyendo que la felicidad es estar “encerrado” en aquello que puedes controlar y que te da seguridad. Así, hasta que la vida te sopla con fuerza y enfrentando tu fragilidad comprendes que en esta vida poco se puede controlar y que las seguridades del momento son las inseguridades incomodas y movilizadoras del mañana. Cuando Aquel con quien has caminado ha tocado tu corazón, descubres que la VIDA es hacer camino, que la queja realmente no lleva a nada bueno, que la felicidad es aceptar (rendirse a) lo que va llegando en el camino y que nuestra casa no tiene cuatro paredes, sino que nuestra casa es allí donde está nuestro corazón. Así pues, me siento enviado a recorrer el camino de la vida de la mano de Aquel en quien confío.

(jardín de Ainkarim)

¡VE MÁS ALLÁ!, ¡PONTE EN CAMINO! Un pasito detrás de otro, no hace falta correr, ni que todos los pasos sean certeros, ni que todos los caminos sean los correctos o los más directos o los más cómodos… A veces caminos solitarios y otras veces caminos llenos de gente… A veces caminando con extraños y a veces caminando con los tuyos… A veces… Eso sí, seguro que todos esos caminos (sean cómo sean y sean cuáles sean) son los que tenemos que recorrer. Son los que nos ayudan a crecer y, en todos ellos, la voz agradable de un Amigo que siempre nos acompaña y que nos susurra al oído: ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡PONTE EN CAMINO!

Este camino que recorro me ha llevado al mundo de la educación: ¡qué precioso puede ser acompañarnos y aprender y crecer juntos! Con mis lagunas y mi fragilidad, me siento educador (soy educador) y este es el camino que he decido transitar. Realmente es importante que nuestros chicos y chicas sepan de matemáticas, de física y química, de religión, de…, pero en el camino he descubierto que no sólo de saberes vive el hombre: ¡qué importante y crucial puede ser en nuestra vida encontrarnos con educadores que además nos enseñan con su ejemplo, con su mirada, con su manera de hacer; educadores que nos hablan de la vida, provocan experiencias de Encuentro, nos acompañan y caminan a nuestro lado como lo hizo antes nuestro gran Maestro!, ¡Qué gozada encontrar un educador que VA MÁS ALLÁ sin regatear tiempos ni disponibilidad!, ¡Qué gozada poder parecernos al gran Educador y ver que todo sale bien! Yo realmente creo que ya no se puede educar sin “ir más allá”.

Este camino que recorro me ha llevado a la Red Laical Compañía de María y al Núcleo Apostólico de Donostia: ¡qué precioso puede ser acompañarnos y aprender y crecer juntos!, ¡Qué gozada poder estar con los tuyos!,¡Qué gozada poder sintonizar!, ¡Qué gozada poder encontrar personas que han descubierto una misma llamada y, juntos, hacer camino!

¿Puede haber misión tan bonita como la de educar y estar con los “tuyos”, estar con los que sientes y viven como tú estando siempre abierto al otro?

Si la cuaresma es adecuar nuestro ser, existir y actuar, a la misma vida de Jesús (a sus valores, a sus convicciones y a su propuesta de vivir la vida), hagamos de nuestra vida camino (peregrinación) donde juntos nos salvemos, esto es, donde juntos hagamos vida (pedagógicamente) desde los valores de Jesús en la realidad concreta que nos toca vivir.

(entrada al jardín de Ainkarim)

domingo, 12 de marzo de 2017

Sé un poco MÁS (comentario para cuaresma)

   La liturgía nos recuerda que llevamos diez días de Cuaresma y desde el comienzo nos ha invitado a hacer camino, incluso nos ha invitado a discurrir por el desierto de la misma manera que lo hizo Jesús durante cuarenta días. Y es que el Espíritu llevó a Jesús al desierto para el que diablo lo tentara.

   Y es que ese mismo Espíritu nos lleva al desierto para que nos enfrentemos con todo aquello que nos hace menos persona y nos empequeñece, para que enfrentemos todo aquello que en nuestra vida diaria nos aleja de nuestro ser y nos distrae de la atención a lo interior y al otro. Acaso, ¿Creemos que podemos escapar de nuestros propios “desiertos”? ¿Cuántas veces nos ha puesto la vida frente a aquello de lo que huíamos con todas nuestras fuerzas? ¿De verdad pensamos que con negar y esconder nuestros miedos y nuestros lados oscuros podemos caminar y crecer como personas? Realmente, sólo madura aquel que se ha enfrentado a sus miedos y a sus oscuridades. Y esa lucha interior (por llamarla de alguna manera) ocurre en el desierto, en esas épocas de nuestra vida que todos vivimos en las que tenemos que mirar cara a cara aquello de lo que hemos huido con tantas ganas.

   Voy intuyendo lo importante que es silenciarse y hacer consciente aquello que durante tanto tiempo he silenciado por cobardía o por miedo o por ignoracia o por… Sí, así he llegado al desierto (al que no tenía intención de ir). En un momento “duro” en el que hacer silencio es lo que más cuesta y hacerse consciente “duele”. Y precisamente es en ese desierto interior, en ese lugar donde cuesta silenciarse y donde todo el ser siente “dolor”, donde podemos renacer y donde podemos hacernos “más”.

   Jesús era maestro en esto, era maestro en ser “más”. Jesús era cada día un poco “más”. ¿Quién de nosotros está acabado con treinta o con cuarenta o con ciencuenta años? Si la VIDA es CAMINAR, es que cada día podemos ser un poco “más”. Aquí radica la importancia de atravesar nuestros propios desiertos. Si los atravesamos podremos SER un poco MÁS, y podremos ser un poco más como Jesús.

   La liturgia de hoy nos presenta el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto, el monte del Encuentro diría yo. En los evangelios Jesús se retira al monte a orar y es lo quiero rescatar de la lectura de hoy: Jesús no está sólo, su Dios que es Padre está con él siempre, pero de forma especial cuando Jesús acude al monte a rezar.


   Por eso, cuando el Espíritu nos lleve hacia algún desierto interno, busquemos una montaña silenciosa y recogida. Allí silenciémonos, hagámanos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior y con Dios Padre de la mano renovémonos y seamos un poco MÁS.

domingo, 18 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD

Si tienes problemas, si te sientes triste, si algo te preocupa, si vas a echar de menos a algún ser querido, si te va mal en el trabajo, si tienes ganas de llorar... llora. Pero no pienses que este año la navidad no va contigo. Esto de que la Navidad está hecha de risas y sonrisas y corazones esponjados es un cuento. Navidad es, desde tus sentimientos (los que sean), ser capaz de dejarte iluminar por un niño indefenso en un portal frío. Y, de paso, no está de mal recordar que lo que celebramos es Buena Noticia de un modo especial para los que sufren en este mundo.
                                                                               (Pastoral SJ)


                                                   

jueves, 1 de septiembre de 2016

Al inicio del nuevo curso



Ventana sobre la UTOPÍA de EDUARDO GALEANO

Ella está en el horizonte. 
Yo me acerco dos pasos
ella se aleja dos pasos. 
Camino diez pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
Por mucho que yo camine,
nunca la alcanzaré. 
¿Para que sirve la utopía?
Para eso sirve, para caminar.

Al comenzar el nuevo curso nos PONEMOS EN CAMINO.
No olvidemos nuestros IDEALES y SUEÑOS educativos.
Que todos aquellos que formamos la Comunidad Educativa
vivamos este CAMINAR con ILUSIÓN y ganas de TRANSFORMAR el mundo.

sábado, 18 de junio de 2016

¿Has mirado en su/tu interior?

El Reino de Dios es como un
tesoro escondido en el campo
(Mt. 13, 44)



Echart Tolle, representante de la línea de espiritualidad transpersonal introduce su obra El poder del ahora con la siguiente parábola:
Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de treinta años. Un día pasó por allí un extraño. “¿Tienes algunas monedas?”, murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. “No tengo nada que darte”, respondió el extraño. Y luego preguntó, “¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?”. “Nada”, replicó el mendigo, “sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez has mirado en su interior?”, preguntó el extraño. “No”, respondió el mendigo, “¿Para qué? No hay nada adentro”. “Echa una ojeada”, insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro.
Tú y Yo, en cuanto creyentes, somos ese extraño que no tiene nada para dar y que invita a nuestro prójimo a mirar en ese lugar tan cercano: dentro de cada uno mismo.

Voy un paso más allá: Jesús es ese extraño que se nos acerca y que nos invita a mirar dentro de nosotros mismos para descubrir la brillante joya del Ser y la profunda e inalterable paz que se encuentra en ese lugar. Buscamos externamente plenitud, seguridad o, incluso, el amor… mientras en nuestro interior tienemos un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas, sino que es infinitamente más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.

viernes, 8 de enero de 2016

Todos somos HIJOS de DIOS


El Vídeo del Papa es una iniciativa global desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) para colaborar en la difusión de las intenciones mensuales de Francisco I sobre los desafíos de la humanidad.
Mes a mes acompañaremos al Papa Francisco en su oración. Se nos invita a sumarnos. Visita la sección "Quiero Involucrarme" para saber cómo.


miércoles, 28 de octubre de 2015

Al mostrarnos...



No es nada fácil mostrarse vulnerable, incoherente, desbordado. No es fácil porque cuesta contar esas cosas que rompen nuestra coraza de supuesta perfección o que no nos dejan en buen lugar. Sin embargo, quedas con alguien porque necesitas charlar. Pero alargas la conversación. Y discutes de todo y de nada, como retrasando ese instante inevitable en el que empezarás a hablar de ti. De esa verdad tan tuya que te hace sentir débil, imperfecto.
Lo cuentas casi susurrando, con la mirada perdida, tal vez avergonzado. Y quizás te arrepientes de haberte lanzado a hablar. Pero a medida que te escuchas te encuentras más esponjado y sientes que algo dentro de ti se empieza a desanudar. Que estás descubriendo a un “enemigo” y desenmascarando esas cosas que «quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto» (Ejercicios Espirituales, 326). Esas cosas que, colocadas junto a otras muchas, te permiten descubrirte… humano.
Y al mostrarte transparente reconoces que eres -al mismo tiempo- sombra y luz, guerra y paz. Y cuando terminas notas que caminas liberado. Porque te has permitido ser tú. Y no ha pasado nada.

(publicación de espiritualidad ignaciana en facebook)

domingo, 17 de mayo de 2015

¿Inteligencia emocional de Jesús?



La inteligencia emocional de Jesucristo es un hecho.

La imagen que dio a sus más allegados y a quienes lo conocieron lo presentan como una persona consciente, equilibrada, controlada, asertiva, que expresaba sus sentimientos positivos y negativos, que defendía sus derechos sin herir ni agredir al otro, con una elevada capacidad de empatía.

Tenía un sentido claro y definido de la vida, era brillante al resolver problemas. En Jesús vemos realizado el proyecto humano de la realidad divina.

domingo, 31 de agosto de 2014

Al comienzo de curso...




Al comienzo del nuevo curso escolar,
nosotros, los educadores,
seamos cuidadosos con lo que decimos;
seamos positivos y estimulemos a nuestr@s chic@s.
Y al mismo  tiempo,
hagámonos sordos a los mensajes negativos.
¡BUEN CURSO A TODOS!

domingo, 22 de junio de 2014

Puedes más de lo que piensas

A veces te sientes incapaz... De tantas cosas... De sacar adelante proyectos... De resolver un problema... De superar una prueba... De...

A veces paladeas el fracaso... En una relación, en un examen, en un trabajo… y eso te hace dudar. Dudas de tu valía, de tu capacidad, de tu poder. Y te vas sepultando bajo frases de rendición: «es que no puedo»; «si yo no valgo»; «con el talento que tienen otros»; «nunca seré capaz…» 

¡Te engañas! Puedes más de lo que piensas. Todos tenemos dentro fuerza (en la debilidad más absoluta). Y capacidades escritas en nuestra entraña. Tenemos talentos que han de dar mucho fruto. Lo importante es no olvidar los motivos, no perder los sueños, no abandonar las metas, y saber hacia dónde caminamos.

Dios, y su evangelio, nos pone un buen paisaje ante los ojos.



Extraído de PastoralSJ (http://www.pastoralsj.org/)

domingo, 13 de abril de 2014

Y en tu vida, ¿qué es lo que más deseas?

No recibe nada a cambio, no se volverá rico, no aparecerá en televisión, permanecerá anónimo. No será famoso. No…
Lo que él recibe son emociones y la satisfacción de haber ayudado a alguien. El presencia la felicidad. El entiende la vida de manera más profunda: siente el amor, recibe más de lo que el dinero puede comprar, hace del mundo un lugar hermoso…

Y en tu vida, ¿qué es lo que más deseas?

viernes, 7 de marzo de 2014

lunes, 21 de octubre de 2013

¿Una terapia peligrosa?

   Estoy en una sala cuadrada no muy espaciosa, haciendo una dinámica con unas cuarenta personas que no conozco. En este juego que por su rapidez me impide apenas recordar dos o tres nombres, se me acerca un compañero y a bocajarro me pregunta:

-          ¿Quién es Dios para ti?

   Me sorprendo contestándole de manera concisa y sin titubeo ninguno:

-          Es Aquel en quien me encuentro.

   Perplejo por mi respuesta, en ese instante comienzo a notar una serenidad y una alegría en lo más profundo de mi corazón. Me siento habitado por Aquel en quien soy.

  Cierro los ojos, respiro hondamente varias veces y un gesto precioso se empieza a dibujar en mi interior: es un abrazo.