Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de abril de 2023

CAMINO DE EMAÚS

 Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas...

me quemé la mano (Antonio Machado)


 El relato evangélico del camino de Emaús que encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc.24,13-35) narra, de forma preciosa y sugerente, la experiencia del resucitado de dos discípulos que se dirigen hacia Emaús, cabizbajos y desanimados. Mientras se alejan de Jerusalén lloran, en su corazón, la pérdida de su maestro, lloran la pérdida de su grupo de amigos, lloran la pérdida de un proyecto común, lloran…

 De camino a Emaús, un extraño se une a ellos y comienzan a hablar sobre los acontecimientos recientes en Jerusalén, incluyendo la muerte de Jesús. Haciendo camino, el extraño les explica las Escrituras y les muestra cómo la palabra de Dios Padre se cumple en Jesús. Ya de noche, hacen un alto en el camino, los dos de Emaús invitan al extraño a comer con ellos y, al partir el pan, los ojos de los discípulos se abren y reconocen en el extraño a Jesús resucitado.

 En un mundo donde la soledad y el aislamiento pueden ser problemas cada vez más reales, el relato de Emaús nos muestra la importancia de la comunidad y la comunión con los demás en el día a día. Los discípulos se apoyan mutuamente en su tristeza y confusión, y su fe se fortalece cuando comparten su experiencia y perciben en su corazón a Jesús resucitado. Después de reconocer a Jesús, los dos de Emaús “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén; encontraron reunidos a los Once con sus compañeros. Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

 En mundo donde sólo creo lo que veo, el relato del camino de Emaús nos recuerda que la presencia de Jesús está siempre con nosotros, aunque a veces no lo reconozcamos. Los dos de Emaús caminaron con Jesús durante todo el camino sin reconocerlo, pero cuando abrieron sus ojos y su corazón, finalmente pudieron reconocerlo (¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba por el camino…?) Esto nos ha de hacer conscientes que la presencia de Dios está siempre a nuestro alrededor. Y que necesitamos estar atentos y abiertos para poder reconocerlo, sobre todo en el prójimo, reflejo vivo de Jesús resucitado.

 El relato enfatiza la importancia de la Escritura y la enseñanza. Jesús, “Tomando pie de Moisés y los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. El extraño explica las Escrituras a los discípulos y les muestra cómo se cumplen en Él. Esto nos recuerda que la lectura continuada de la Biblia, sobre todo de los evangelios, son esenciales para profundizar en nuestra comprensión de la vida de fe y nuestra relación con Dios. Escribamos nosotros también nuestro relato bíblico, escribamos nosotros también nuestra experiencia de Dios y hagámosla vida en el camino que nos toque andar.

 La historia del camino de Emaús es, pues, un recordatorio poderoso de la importancia de la comunidad de fe, de la apertura a la presencia de Dios en nuestras vidas a través de la relación con el otro y de la enseñanza que habita los textos sagrados que nos ayuda a madurar nuestra fe. ¡JESÚS VIVE EN NUESTROS CORAZONES, ALELUYA, ALELUYA!



sábado, 4 de diciembre de 2021

“Anda, tú fe te ha curado” (Mc.10,52)

 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

El punto de partida es una de las tantas miserias que afligen a los hombres: se trata de un hombre ciego. Conocemos su nombre, Bartimeo, y la localidad donde vive, Jericó. Su condición le obliga a adoptar una actitud pasiva: permanecer sentado y vivir al margen: «Estaba sentado junto al camino» (v. 46)

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

- «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».

El paso de Jesús le da bríos y vitalidad a este hombre, que grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:

- «Hijo de David, ten compasión de mí».

El que habla es un ciego, ciertamente la persona menos indicada para formular afirmaciones teológicas comprometedoras. Mejor hacerle callar y garantizar la tranquilidad. Pero no hay nada que hacer. El ciego grita más fuerte y eleva su jaculatoria hasta hacerse oír por Jesús.

Jesús se detuvo y dijo:

- «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

- «Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús no es sordo -ni de oídos ni de corazón- y manda que llamen al ciego. Tal vez los mismos que querían hacerle callar se ven obligados a llevarlo ante Jesús. Las palabras con que le llaman son ya todo un programa: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49)

Bartimeo recibe la oferta con entusiasmo. Ya no le importa lo que posee, el manto, y lo abandona para acercarse a Jesús. Esta acción puede tener un gran significado: es preciso desembarazarse de todo para ir a Jesús. Lo importante es el encuentro con Jesús; el resto cuenta poco o nada...

Jesús le dijo:

- «¿Qué quieres que haga por ti?».

El ciego le contestó:

- «Maestro, que pueda ver».

Jesús le dijo:

- «Anda, tu fe te ha curado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Ése es el sentido de la pregunta de Jesús, que no quiere poner al ciego en una situación embarazosa. Jesús, de un modo delicado, pone a la persona en una situación cómoda, de forma que pueda responder... La fe de Bartimeo, en este caso su testaruda constancia, ha producido el milagro. Ahora es un hombre transformado: está de pie, es capaz de andar y eso mismo le da la capacidad de ver de otra manera (desde otra perspectiva). La transformación completa llega con la nota final: Bartimeo se pone en pie y sigue a Jesús (y mira con la mirada de Jesús). Deja de ser el ciego sentado al margen del camino y se convierte en caminante que sigue a Jesús.



viernes, 25 de junio de 2021

¿Cómo nos SILENCIAMOS?

   El 12 de junio se celebró de manera “online”, como vienen exigiendo estos tiempos, el IV Simposio de Educación de la Interioridad de la mano de la Universidad La Salle de Madrid. Bajo el título: “La meditación en la Educación de la Interioridad”, Elena Andrés (directora de contenidos del Posgrado de Interioridad) nos situó en la reflexión de la mañana.

   La primera persona en darnos LUZ, es la hermana clarisa de nombre Carolina, nacida y residente en Resistencia, población argentina. Suavemente pero con corazón y pasión nos introduce durante poco más de una hora en lo que es “LA MIRADA”. Nos envuelve con sus palabras y con su mensaje, según va hablando y compartiendo va captando más y más mi atención. En su exposición cita a Mateo, a Clara de Asís y a Frank Jalis, sj.

 Cita a Mateo (Mt.6,24-34):

No se inquieten por su vida PENSANDO… El Padre sabe lo que necesiten.

No se inquieten por el mañana, a cada día le basta con su afán.

Y nos ofrece algunas claves de interpretación.

Mediante este texto, dice la Hermana Carolina, Jesús de Nazaret nos invita a tres cosas (aparentemente sencillas):

1.- No nos inquietemos pensando.

2.- Detengámonos a mirar lo que nos rodea. Vivamos el presente, para poder conectar con nuestro yo interior.

3.- Y estemos presentes hoy, pues a cada día le basta su afán. Dios nos da lo que necesitamos.

Cita a CLARA DE ASÍS:


La Hermana Carolina nos habla de Clara de Asís y como la “mirada” es clave en la vida de Clara.

 Parece que Clara de Asís no dejo muchos escritos, pero si que tenemos cuatro cartas que escribió a Inés de Prada (persona que no conoció personalmente). La Hermana Carolina se centra en la 4ª carta. En el momento en que la escribe Roma NO ha reconocido todavía su Comunidad ni su Regla.

 Clara de Asís siempre va a invitar a Inés a poner su mirada en Jesús y Clara usa la imagen del espejo: Mira a Jesús como te miras en el espejo. Mira diariamente este espejo, mira diariamente a Jesús y descubre a Jesús en tu rostro. Mira atentamente este espejo. Al comienzo verás la pobreza de Jesús (el nacimiento), contempla su humildad (su vida pública) y contempla su amor (en la entrega de su vida).

 Si Jesús, en Mateo, nos invitaba a detenernos a mirar, Clara de Asís nos invita a cómo mirar, cómo educar la mirada para poder ver (ya que se puede mirar sin ver).

 Clara de Asís nos propone estos pasos:

 1.- Mira todos los días. Pero no es una repetición mecánica, es una mirada que nos lleva a evolucionar, nos lleva a ir más allá. Es estar y hacer consciente lo que normalmente hacemos de manera mecánica. Hacer lo que hacemos todos los días de manera consciente.

 2.- No sólo mirar diariamente, sino mirar con ATENCIÓN. Porque lo que miro con atención es donde invierto mis energías, ¿dónde invierto mi atención? ¿dónde invierto mi energía? Allí donde hay presencia, hay relación y hay AMOR.

3.- Y, además, CONSIDERA, esto es, abre tu mirada para ver en profundidad. CONSIDERAR es AHONDAR en lo que vemos. Es una mirada sin juicio, es ver lo que ES sin analizar, ni juzgar, ni… AHONDAR implica tiempo.

 4.- Y, para terminar, CONTEMPLA. La contemplación es estar totalmente orientado a OTRO. Cuando estamos orientado a OTRO nos vamos TRANSFORMANDO en aquel/aquello que miramos. En el caso de Clara de Asís, de tanto mirar a Jesús, nos transformamos en Él.

 Cita a FRANK JALIS,sj

 La Hermana Carolina habla de este maestro de la contemplación. Frank Jalis nos enseña a través de un camino de tradición cristiana. Nos orienta en su libro “Ejercicios de contemplación”; ¿Cómo vamos a nuestro interior? ¿Cómo contemplamos? ¿Cómo vivimos nuestro SER?


Esta es la pregunta clave de este discurso: ¿CÓMO NOS SILENCIAMOS?

Frank Jalis nos lo muestra de manera muy muy sencilla, pues en realidad ya tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros. Frank Jalis nos propone unas mediaciones para HABITAR nuestro ser, para HABITAR nuestra casa, para HABITAR nuestro interior.

   Para terminar, sólo he de añadir que en este trabajo diario de ayudar a HABITARNOS, en esa tarea constante de silenciarnos para ENCONTRARNOS, en esa labor de educar a las chicas y chicos de hoy a ENCONTRARSE con si mismos... La Universidad La Salle de Madrid nos ofrece el Posgrado Universitario de Experto en Educación de la Interioridad para el curso 2021-2022:


(Pincha sobre la imagen)



sábado, 10 de marzo de 2018

VE MÁS ALLÁ


Ya llevo un tiempo en el que esta expresión vuela por mi fuero interno, no es que le haya dado mucha relevancia, pero el hecho es que no se me hace desconocida y en estos dos días que llevo en la casa de espiritualidad de Ainkarim que tiene la Compañía de María en Haro ha emergido con fuerza: ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡VE MÁS…!

 (Casa de espiritualidad Ainkarim de Haro)

¡VE MÁS ALLÁ! La voy repitiendo dentro de mi intentando descubrir que pide Dios de mi, fijándome en la figura de Jesús, de María, de Juana de Lestonnac, de…, de tantos y tantos seguidores de Jesús que han incorporado a su vida este expresión que ciertamente nos pone en camino y nos moviliza a…

Sí, yo he estado parado a la vera del camino, instalado en la queja insaciable, mirando mi ombligo insignificante, haciendo lo mínimo necesario, creyendo que la felicidad es estar “encerrado” en aquello que puedes controlar y que te da seguridad. Así, hasta que la vida te sopla con fuerza y enfrentando tu fragilidad comprendes que en esta vida poco se puede controlar y que las seguridades del momento son las inseguridades incomodas y movilizadoras del mañana. Cuando Aquel con quien has caminado ha tocado tu corazón, descubres que la VIDA es hacer camino, que la queja realmente no lleva a nada bueno, que la felicidad es aceptar (rendirse a) lo que va llegando en el camino y que nuestra casa no tiene cuatro paredes, sino que nuestra casa es allí donde está nuestro corazón. Así pues, me siento enviado a recorrer el camino de la vida de la mano de Aquel en quien confío.

(jardín de Ainkarim)

¡VE MÁS ALLÁ!, ¡PONTE EN CAMINO! Un pasito detrás de otro, no hace falta correr, ni que todos los pasos sean certeros, ni que todos los caminos sean los correctos o los más directos o los más cómodos… A veces caminos solitarios y otras veces caminos llenos de gente… A veces caminando con extraños y a veces caminando con los tuyos… A veces… Eso sí, seguro que todos esos caminos (sean cómo sean y sean cuáles sean) son los que tenemos que recorrer. Son los que nos ayudan a crecer y, en todos ellos, la voz agradable de un Amigo que siempre nos acompaña y que nos susurra al oído: ¡VE MÁS ALLÁ!, ¡PONTE EN CAMINO!

Este camino que recorro me ha llevado al mundo de la educación: ¡qué precioso puede ser acompañarnos y aprender y crecer juntos! Con mis lagunas y mi fragilidad, me siento educador (soy educador) y este es el camino que he decido transitar. Realmente es importante que nuestros chicos y chicas sepan de matemáticas, de física y química, de religión, de…, pero en el camino he descubierto que no sólo de saberes vive el hombre: ¡qué importante y crucial puede ser en nuestra vida encontrarnos con educadores que además nos enseñan con su ejemplo, con su mirada, con su manera de hacer; educadores que nos hablan de la vida, provocan experiencias de Encuentro, nos acompañan y caminan a nuestro lado como lo hizo antes nuestro gran Maestro!, ¡Qué gozada encontrar un educador que VA MÁS ALLÁ sin regatear tiempos ni disponibilidad!, ¡Qué gozada poder parecernos al gran Educador y ver que todo sale bien! Yo realmente creo que ya no se puede educar sin “ir más allá”.

Este camino que recorro me ha llevado a la Red Laical Compañía de María y al Núcleo Apostólico de Donostia: ¡qué precioso puede ser acompañarnos y aprender y crecer juntos!, ¡Qué gozada poder estar con los tuyos!,¡Qué gozada poder sintonizar!, ¡Qué gozada poder encontrar personas que han descubierto una misma llamada y, juntos, hacer camino!

¿Puede haber misión tan bonita como la de educar y estar con los “tuyos”, estar con los que sientes y viven como tú estando siempre abierto al otro?

Si la cuaresma es adecuar nuestro ser, existir y actuar, a la misma vida de Jesús (a sus valores, a sus convicciones y a su propuesta de vivir la vida), hagamos de nuestra vida camino (peregrinación) donde juntos nos salvemos, esto es, donde juntos hagamos vida (pedagógicamente) desde los valores de Jesús en la realidad concreta que nos toca vivir.

(entrada al jardín de Ainkarim)

jueves, 15 de febrero de 2018

Oración para la cuaresma

Bienaventuranzas de la Cuaresma
(contra un corazón de piedra)

Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría incontenible.
Felices quienes durante el tiempo de Cuaresma, y en su vida diaria, practican el ayuno del consumismo, de los programas basura de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.
Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón de piedra, para dar paso a la sensibilidad, la ternura, la com-pasión, la indignación teñida de propuestas.
Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús, para conseguir un mundo reconciliado.
Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se transforme en soledad sonora.
Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios, quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia alentadora hacia todo el género humano.
Felices quienes cierran la puerta a los agoreros, a la tristeza y al desencanto, y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión, del encanto, de la belleza, de la solidaridad.
Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio gozoso de los demás, quienes más allá de todas las crisis, mantienen, ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los desvalidos, marginados y oprimidos del mundo. Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un gozoso sendero cuaresmal.
Miguel Ángel Mesa (Bienaventuranzas de la Vida -PPC-)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Oración para empezar el curso

ORACIÓN DEL RELOJ



Señor, al comenzar este nuevo curso
te pido que me regales un nuevo reloj…
No, no, ni digital ni a pilas ni a cuerda,
quiero uno muy especial, quiero tu reloj…

 Un reloj que no marque las horas que me quedan
ni los días que faltan para el fin de semana…
Un reloj que marque solo y exclusivamente
segundos, instantes, oportunidades para hacer el bien.

 Un reloj que se pare cuando alguien entre en apuros,
que se adelante para ver las necesidades del otro
y que se atrase para pedir perdón…
¿Un reloj de pulsera o de pared? No; mucho mejor; de corazón.

 Un reloj en cuyos números aparezcan nombres:
María, Ana, Carlos, Alejandro, Yolanda,…
Nombres y más nombres de amigos, de compañeros,
de hermanos que Tú, Señor, cada día pones en mi camino.

 Un reloj cuyas agujas acaricien, abracen, sirvan,
ayuden, perdonen, escuchen, compartan…
y en cuya esfera aparezca tu rostro de Padre
y de amigo y de compañero de clase, de juegos o de salida.

 Un reloj con un gran despertador
que despierte mi conciencia y mi indiferencia,
y que me recuerde levantarme cuando me caiga
y ponerme en camino cuando me detenga.

 Un reloj con cronómetro incorporado,
no para estresarme, angustiarme o deprimirme,
sino para aprovechar a tope cada día que Tú me regalas,
cada segundo que Tú conviertes en un nuevo reto, en una nueva oportunidad.

 Señor, al comenzar este nuevo curso
me pongo mi nuevo reloj… ¡Tu reloj!
Bendice cada una de las horas, minutos y segundos
que voy a pasar, codo a codo y corazón con corazón, a tu lado.


JM de PALAZUELO

sábado, 22 de abril de 2017

Encuentros de VIDA

La piedra que desecharon los arquitectos
Es ahora la piedra angular (Mt. 21, 42)


(La Manlleva, comunidad de Tarragona)

   Son las cinco de la mañana del Domingo de Resurrección. Un grupo de personas que compartimos en La Manlleva (Tarragona) la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús nos dirigimos a lo que fue en torno al siglo X el gran poblado de Selma en Alt Camp. Nos acompañan en el camino la luz de la luna, preludio la luz que llega, y el cantar ininterrumpido del ruiseñor, que una y otra vez parece querer anunciarnos lo que acontecerá con las primeras luces del día. Mientras hacemos camino resuenan en nuestros corazones las palabras de Juan (capítulo 20, versículo 1): “El primer día de la semana María Magdalena se puso de camino hacia el sepulcro cuando todavía estaba oscuro”.

   Una hora larga de camino hasta llegar a las faldas de la colina donde se erige el castillo de Selma, fortaleza vigía en otros tiempos, y hoy venida a menos. Nos sentamos tranquilos en el verde. Con una mezcla de serenidad e impaciencia esperamos la salida del sol. Celebramos la resurrección de Jesús con este saludo al sol matutino. A las 7,14 horas exactas de la mañana y en un espacio breve de tiempo aparece un disco rojo por el horizonte que transforma el paisaje en vida. El cantar de los pájaros aumenta alegre y los primeros rayos del sol de este domingo de resurrección tocan nuestros rostros y comienzan a calentar nuestro cuerpo agradablemente. Me surge esta certeza: ¡JESÚS HA RESUCITADO!

(Salida del sol desde el poblado de Selma)

   Áquel que unos días antes había sido despojado, torturado, roto, humillado… es ahora levantado y no es regalado en el encuentro, dicho de otra manera, sólo le reconocen aquellos que se encuentran con él. Dios Padre resucita a Jesús y sólo son capaces de verlo quienes tienen esa relación personal con él, María Magdalena, sus apóstoles y sus discípulos, y… todos aquellos (la samaritana, Mateo el recaudador, Jairo, Lázaro, el centurión romano, la mujer endemoniada…) que en el camino de la vida se han topado con él ayer, hoy y mañana.

   Jesús, como ya lo hiciera durante su vida, se sigue haciendo el encontradizo hoy. Resucitó y se encontró y se encuentra con sus amigos. No salió de su boca queja ni reproche alguno, no echó nada en cara a nadie. En su pose y en su hablar no había resquemor, no había ni un ápice de querer cobrar venganza. Todo su semblante era de acogida y de alegría por poder disfrutar una vez más de aquellos que le tenían en su corazón (¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino? –Lc.24,32-). Y es que quien ama, ya no necesita perdonar. El camino hacia la VIDA que había iniciado Jesús estaba trazado, ahora sólo debíamos seguirlo.

   Y esa es la invitación que se nos hace en estos días:


¡Que hagamos de nuestros encuentros VIDA, como lo hizo Jesús!


(Estupa a la entrada de La Manlleva)

domingo, 12 de marzo de 2017

Sé un poco MÁS (comentario para cuaresma)

   La liturgía nos recuerda que llevamos diez días de Cuaresma y desde el comienzo nos ha invitado a hacer camino, incluso nos ha invitado a discurrir por el desierto de la misma manera que lo hizo Jesús durante cuarenta días. Y es que el Espíritu llevó a Jesús al desierto para el que diablo lo tentara.

   Y es que ese mismo Espíritu nos lleva al desierto para que nos enfrentemos con todo aquello que nos hace menos persona y nos empequeñece, para que enfrentemos todo aquello que en nuestra vida diaria nos aleja de nuestro ser y nos distrae de la atención a lo interior y al otro. Acaso, ¿Creemos que podemos escapar de nuestros propios “desiertos”? ¿Cuántas veces nos ha puesto la vida frente a aquello de lo que huíamos con todas nuestras fuerzas? ¿De verdad pensamos que con negar y esconder nuestros miedos y nuestros lados oscuros podemos caminar y crecer como personas? Realmente, sólo madura aquel que se ha enfrentado a sus miedos y a sus oscuridades. Y esa lucha interior (por llamarla de alguna manera) ocurre en el desierto, en esas épocas de nuestra vida que todos vivimos en las que tenemos que mirar cara a cara aquello de lo que hemos huido con tantas ganas.

   Voy intuyendo lo importante que es silenciarse y hacer consciente aquello que durante tanto tiempo he silenciado por cobardía o por miedo o por ignoracia o por… Sí, así he llegado al desierto (al que no tenía intención de ir). En un momento “duro” en el que hacer silencio es lo que más cuesta y hacerse consciente “duele”. Y precisamente es en ese desierto interior, en ese lugar donde cuesta silenciarse y donde todo el ser siente “dolor”, donde podemos renacer y donde podemos hacernos “más”.

   Jesús era maestro en esto, era maestro en ser “más”. Jesús era cada día un poco “más”. ¿Quién de nosotros está acabado con treinta o con cuarenta o con ciencuenta años? Si la VIDA es CAMINAR, es que cada día podemos ser un poco “más”. Aquí radica la importancia de atravesar nuestros propios desiertos. Si los atravesamos podremos SER un poco MÁS, y podremos ser un poco más como Jesús.

   La liturgia de hoy nos presenta el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto, el monte del Encuentro diría yo. En los evangelios Jesús se retira al monte a orar y es lo quiero rescatar de la lectura de hoy: Jesús no está sólo, su Dios que es Padre está con él siempre, pero de forma especial cuando Jesús acude al monte a rezar.


   Por eso, cuando el Espíritu nos lleve hacia algún desierto interno, busquemos una montaña silenciosa y recogida. Allí silenciémonos, hagámanos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior y con Dios Padre de la mano renovémonos y seamos un poco MÁS.

domingo, 18 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD

Si tienes problemas, si te sientes triste, si algo te preocupa, si vas a echar de menos a algún ser querido, si te va mal en el trabajo, si tienes ganas de llorar... llora. Pero no pienses que este año la navidad no va contigo. Esto de que la Navidad está hecha de risas y sonrisas y corazones esponjados es un cuento. Navidad es, desde tus sentimientos (los que sean), ser capaz de dejarte iluminar por un niño indefenso en un portal frío. Y, de paso, no está de mal recordar que lo que celebramos es Buena Noticia de un modo especial para los que sufren en este mundo.
                                                                               (Pastoral SJ)


                                                   

jueves, 10 de noviembre de 2016

Seré un colibrí

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.
(Eduardo Galeano)

Wangari Maathai: Premio Nobel de la Paz en el 2004, activista por el medio ambiente, la democracia, los derechos humanos y específicamente los derechos de la mujer, Wangari Maathai fundó el Movimiento Cinturón Verde que plantó ya más de 40 millones de árboles. En este fragmento de la película "Dirt!" cuenta la historia del colibrí.



Siempre deberíamos sentirnos como un colibrí,
puede que nos sintamos insignificantes,
pero no quiero ser un mero espectador con todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Seré un colibrí: "Lo haré lo mejor que pueda"

sábado, 24 de septiembre de 2016

Tu CASA, mi CASA, nuestra CASA...

Y descubrí que allí donde era, estaba en mi CASA,
y aquel con quien me encontraba era mi HERMANO.



La casa era una casa de hermanos,
donde todos tenían su habitación
y había habitaciones para todos.

En ella había gente y gente,
de todas las razas y colores;
inmenso tapiz
de necesarias y variadas flores diminutas.

A la hora de comer,
la mesa era amplía y redonda,
sin pies ni cabecera
y el pan se repartía abundantemente
-¿alguien más quiere pan?-
para matar todas las hambres.

Nadie apartaba a nadie,
nadie desconocía a nadie,
porque todos comían del mismo pan,
en el mismo plato.

Había humor y fiesta,
desaparecía la raíz de la muerte,
de la depresión y de la tristeza,
porque el bien y el progreso del vecino
era la corona del propio esfuerzo.

De día soñaban,
-la primera cosa era soñar-
Todos trabajaban por lo imposible
y de noche compartían sus sueños
a la luz de la inocencia y de la ternura.

Y la casa crecía y crecía,
según se necesitaba de ella;
y nunca se hundía,
y nunca se desplomaba
porque estaba construida sobre piedra firme.

Y la casa, de tanto crecer,
se hizo mundo.
Y el mundo, de tanto soñar,
Se hizo casa.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Al inicio del nuevo curso



Ventana sobre la UTOPÍA de EDUARDO GALEANO

Ella está en el horizonte. 
Yo me acerco dos pasos
ella se aleja dos pasos. 
Camino diez pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
Por mucho que yo camine,
nunca la alcanzaré. 
¿Para que sirve la utopía?
Para eso sirve, para caminar.

Al comenzar el nuevo curso nos PONEMOS EN CAMINO.
No olvidemos nuestros IDEALES y SUEÑOS educativos.
Que todos aquellos que formamos la Comunidad Educativa
vivamos este CAMINAR con ILUSIÓN y ganas de TRANSFORMAR el mundo.

sábado, 18 de junio de 2016

¿Has mirado en su/tu interior?

El Reino de Dios es como un
tesoro escondido en el campo
(Mt. 13, 44)



Echart Tolle, representante de la línea de espiritualidad transpersonal introduce su obra El poder del ahora con la siguiente parábola:
Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de treinta años. Un día pasó por allí un extraño. “¿Tienes algunas monedas?”, murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. “No tengo nada que darte”, respondió el extraño. Y luego preguntó, “¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?”. “Nada”, replicó el mendigo, “sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez has mirado en su interior?”, preguntó el extraño. “No”, respondió el mendigo, “¿Para qué? No hay nada adentro”. “Echa una ojeada”, insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro.
Tú y Yo, en cuanto creyentes, somos ese extraño que no tiene nada para dar y que invita a nuestro prójimo a mirar en ese lugar tan cercano: dentro de cada uno mismo.

Voy un paso más allá: Jesús es ese extraño que se nos acerca y que nos invita a mirar dentro de nosotros mismos para descubrir la brillante joya del Ser y la profunda e inalterable paz que se encuentra en ese lugar. Buscamos externamente plenitud, seguridad o, incluso, el amor… mientras en nuestro interior tienemos un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas, sino que es infinitamente más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.

viernes, 25 de marzo de 2016

Mensaje para el Triduo Pascual

Hemos comenzado este Triduo Pascual rezando en la Comunidad de las Carmelitas Descalzas de Hondarribia. En la entrada de la capilla nos encontramos con este mensaje precioso:

QUIENQUIERA QUE SEAS,
HAS ENTRADO EN ESTA CASA
DONDE HABITA EL DIOS QUE LO HABITA TODO.
QUIENQUIERA QUE SEAS, ÉL TE ACOGE,
CON TUS ALEGRÍAS Y TUS PENAS,
TUS ÉXITOS Y TUS FRACASOS,
TUS ESPERANZAS Y TUS DECEPCIONES.
¡SÉ BIENVENIDO!
OTRAS PERSONAS ANTES QUE TÚ
HAN AMADO ESTE LUGAR,
HAN CONTRIBUIDO A CONSTRUIRLO, A EMBELLECERLO.
HAN ORADO EN ÉL, RESPÉTALO.
HAZ SILENCIO.
SI ERES CREYENTE, ORA.
SI BUSCAS, REFLEXIONA.
SI DUDAS, PIDE LUZ.
SI SUFRES, PIDE FUERZA.
SI ESTÁS ALEGRE, DA GRACIAS.
Y ¡OJALÁ PUEDAS SEGUIR ESTANDO ALEGRE!
EN ESTA CASA TAMBIÉN ENCONTRARÁS HERMAN@S,
Y PODRÁS ELEVAR A DIOS TU PLEGARIA
JUNTAMENTE CON ELL@S.
¡QUE EL PASO POR ESTE LUGAR
CALIENTE TU CORAZÓN
Y ALEGRE TUS OJOS!
QUIENQUIERA QUE SEAS, DIOS TE ACOGE.
ACÓGELE TAMBIÉN TÚ.


Bella sugerencia para paladear estos días en los que viviremos en Comunidad tristeza y alegría, oscuridad y luz, muerte y vida. Acojamos lo que nos deparen estos días con el corazón abierto.


lunes, 7 de marzo de 2016

Sobre el ACOMPAÑAR y el ESTAR

El cobrador de impuestos ni siquierase atrevía a levantar los ojos al cielo,
Sino que se golpeaba y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mi que soy pecador!”
(Lc.18,13)


   Muchas veces el lugar en el que trabajamos (¡dichosos aquellos que tienen trabajo!) se convierte en un micromundo y en un fiel reflejo que cómo es la sociedad y el mundo concreto en el que nos movemos. Me refiero claramente a a trabajos donde estamos codo con codo con otros. Con gesto humildad por mi parte y con la mano sobre mi pecho simplemente quiero mostrar lo que yo percibo, que bien pueda ser que esté errado, pues al final es una simple cuestión de percepción.

   ¿Cuántas veces no habré oído las expresiones: “ya le he dicho que…” o “es que no tengo tiempo”o…?

   Sí, parece que ahora triunfa el “ya le he dicho que…”. Es una de las frases preferidas de aquellos que tienen que poner normas a nuestr@s niñ@s y adolescentes de hoy día (esos que serán el futuro cuando nosotros seamos ancianos). Unido a esta expresión cuántas veces he oído también hablar a los adultos (que somos los educadores) en este tono: “¡No me voy a castigar yo!”. E inmediatamente pienso en mi generación, donde nuestros padres y maestros decían y actuaban. ¿Cuántos padres y educadores han estado “mil horas” con nosotros en casa o en la escuela? Las tardes que habré he estado en la cocina con mis padres por no hacer lo que debía o las tardes que habré he estado en el Cole después de la hora. ¿Cuántos no habremos agradecido tener límites claros? Ahora parece que nos conformamos con registrar faltas, casi sin consecuencias significativas. ¿Dónde queda el diálogo con nuestr@s chic@s? ¿Quién confronta con ellos? ¿Quién acompaña hoy a nuestros niñ@s y jóvenes?

   Muy a mi pesar voy descubriendo con tristeza que al “ya le he dicho que…” le acompaña siempre “es que no tengo tiempo de…”. Es cierto que vivimos tiempos acelerados y estresantes, pero también es cierto que, a veces, parece que esta falta de tiempo es interesada. Voy percibiendo que el “no tengo tiempo de…” es más bien “no quiero hacer…” o “no sé hacer…” o “ya hago bastante…” Un discurso muy peligroso, porque lleva directamente de la preocupación por el “otro” a la preocupación por “uno mismo” (mi tiempo, mi horario, mi opinión…). Cuando llegamos a este punto podemos dar por finalizado cualquier acto de gratuidad, incluso algo tan sencillo como regalar un minuto de tu presencia a alguien que quizás la necesita. Creo que lo interesante sería rescatar ese equilibrio genuino que hemos conocido de niñ@s entre la preocupación por el “otro” y por “uno mismo”.

   Pero parece que no todo acaba ahí, del “ya le he dicho que…” pasamos al “es que no tengo tiempo de…” y entonces llegan la “queja” y el “drama”. Yo diría que cierto nivel de “queja” es normal, al fin y al cabo, por algún lado tiene que salir la tensión, pero quizás conozcáis quien sólo se queja una y otra vez haciendo de cada dificultad de la vida un drama interminable que no aporta nada ni a la sociedad y a si misma. Hay personas que se encuentran a gusto en el drama porque no necesitan moverse, no quieren evolucionar o implicarse y siempre es más fácil mirar hacia otro lado y tirar balones fuera.

   Trato de mirar a Jesús como lo hacía el recaudador de impuestos y con la mano sobre mi pecho (porque yo también me he quejado mucho y he dramatizado mucho y…) intento vislumbrar lo que deberíamos ser para nuestro chic@s, adolescentes y jóvenes (y quizás no tan jóvenes).

   Jesús era un maestro en acompañar a todo aquel con quien se encontraba, le daba igual que fuesen ricos que pobres, judíos fariseos que samaritanos vilipendiados, romanos que paganos. Aunque por lo que vemos en los evangelios tuvo una especial preferencia por los más marginados, pobres, enfermos, endemoniados… ¿Sabemos acompañar? ¿estamos con aquellos que están más necesitados?

   Jesús tuvo la audacia y la valentía de estar presente. Realmente, a veces, no hace falta más que hacerse presente. Muchas veces no es tan importante lo qué haré o lo qué diré o lo nervioso que me pone éste o el otro o… (yo que sé cuántos pensamientos y expectativas se pueden generar en nuestra cabeza). Para estar presente no hace falta ni hablar ni hacer ni relojear ni conseguir rendimiento alguno ni esperar algo a cambio. Aquel que está, está para sí mismo y para los demás. Es una actitud de vida. ¿Nos hacemos presentes con los que tenemos alrededor?

   Jesús no dramatizaba. Él fue quien dijo que las dificultades y los problemas tienen su sentido. ¿Qué podría decir yo de esto cuando incluso aceptó la cruz? ¿Acepto y doy sentido a las dificultades y problemas a las que me va enfrentando la vida? ¿o prefiero quejarme y hacer de todo un drama baldío que no lleva a ningún lado?

   Jesús se retiraba a orar. Jesús necesitaba tiempos para detenerse y centrar su corazón en el Padre. ¿Me retiro yo a orar? ¿Me sitúo en la vorágine diaria con un corazón centrado?  ¿o me dejo atrapar por todo lo que ocurre a mi alrededor como si eso fuera lo absoluto?

   Quiero acabar esta reflexión con una frase de Paul Claudel: Dios no vino a suprimir el sufrimiento. No vino ni siquiera a dar una explicación. Vino a llenarlo de su presencia”.

¡Qué importante es acompañarnos! ¡Qué importantes en estar!