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domingo, 23 de abril de 2023

CAMINO DE EMAÚS

 Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas...

me quemé la mano (Antonio Machado)


 El relato evangélico del camino de Emaús que encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc.24,13-35) narra, de forma preciosa y sugerente, la experiencia del resucitado de dos discípulos que se dirigen hacia Emaús, cabizbajos y desanimados. Mientras se alejan de Jerusalén lloran, en su corazón, la pérdida de su maestro, lloran la pérdida de su grupo de amigos, lloran la pérdida de un proyecto común, lloran…

 De camino a Emaús, un extraño se une a ellos y comienzan a hablar sobre los acontecimientos recientes en Jerusalén, incluyendo la muerte de Jesús. Haciendo camino, el extraño les explica las Escrituras y les muestra cómo la palabra de Dios Padre se cumple en Jesús. Ya de noche, hacen un alto en el camino, los dos de Emaús invitan al extraño a comer con ellos y, al partir el pan, los ojos de los discípulos se abren y reconocen en el extraño a Jesús resucitado.

 En un mundo donde la soledad y el aislamiento pueden ser problemas cada vez más reales, el relato de Emaús nos muestra la importancia de la comunidad y la comunión con los demás en el día a día. Los discípulos se apoyan mutuamente en su tristeza y confusión, y su fe se fortalece cuando comparten su experiencia y perciben en su corazón a Jesús resucitado. Después de reconocer a Jesús, los dos de Emaús “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén; encontraron reunidos a los Once con sus compañeros. Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

 En mundo donde sólo creo lo que veo, el relato del camino de Emaús nos recuerda que la presencia de Jesús está siempre con nosotros, aunque a veces no lo reconozcamos. Los dos de Emaús caminaron con Jesús durante todo el camino sin reconocerlo, pero cuando abrieron sus ojos y su corazón, finalmente pudieron reconocerlo (¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba por el camino…?) Esto nos ha de hacer conscientes que la presencia de Dios está siempre a nuestro alrededor. Y que necesitamos estar atentos y abiertos para poder reconocerlo, sobre todo en el prójimo, reflejo vivo de Jesús resucitado.

 El relato enfatiza la importancia de la Escritura y la enseñanza. Jesús, “Tomando pie de Moisés y los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. El extraño explica las Escrituras a los discípulos y les muestra cómo se cumplen en Él. Esto nos recuerda que la lectura continuada de la Biblia, sobre todo de los evangelios, son esenciales para profundizar en nuestra comprensión de la vida de fe y nuestra relación con Dios. Escribamos nosotros también nuestro relato bíblico, escribamos nosotros también nuestra experiencia de Dios y hagámosla vida en el camino que nos toque andar.

 La historia del camino de Emaús es, pues, un recordatorio poderoso de la importancia de la comunidad de fe, de la apertura a la presencia de Dios en nuestras vidas a través de la relación con el otro y de la enseñanza que habita los textos sagrados que nos ayuda a madurar nuestra fe. ¡JESÚS VIVE EN NUESTROS CORAZONES, ALELUYA, ALELUYA!



viernes, 25 de junio de 2021

¿Cómo nos SILENCIAMOS?

   El 12 de junio se celebró de manera “online”, como vienen exigiendo estos tiempos, el IV Simposio de Educación de la Interioridad de la mano de la Universidad La Salle de Madrid. Bajo el título: “La meditación en la Educación de la Interioridad”, Elena Andrés (directora de contenidos del Posgrado de Interioridad) nos situó en la reflexión de la mañana.

   La primera persona en darnos LUZ, es la hermana clarisa de nombre Carolina, nacida y residente en Resistencia, población argentina. Suavemente pero con corazón y pasión nos introduce durante poco más de una hora en lo que es “LA MIRADA”. Nos envuelve con sus palabras y con su mensaje, según va hablando y compartiendo va captando más y más mi atención. En su exposición cita a Mateo, a Clara de Asís y a Frank Jalis, sj.

 Cita a Mateo (Mt.6,24-34):

No se inquieten por su vida PENSANDO… El Padre sabe lo que necesiten.

No se inquieten por el mañana, a cada día le basta con su afán.

Y nos ofrece algunas claves de interpretación.

Mediante este texto, dice la Hermana Carolina, Jesús de Nazaret nos invita a tres cosas (aparentemente sencillas):

1.- No nos inquietemos pensando.

2.- Detengámonos a mirar lo que nos rodea. Vivamos el presente, para poder conectar con nuestro yo interior.

3.- Y estemos presentes hoy, pues a cada día le basta su afán. Dios nos da lo que necesitamos.

Cita a CLARA DE ASÍS:


La Hermana Carolina nos habla de Clara de Asís y como la “mirada” es clave en la vida de Clara.

 Parece que Clara de Asís no dejo muchos escritos, pero si que tenemos cuatro cartas que escribió a Inés de Prada (persona que no conoció personalmente). La Hermana Carolina se centra en la 4ª carta. En el momento en que la escribe Roma NO ha reconocido todavía su Comunidad ni su Regla.

 Clara de Asís siempre va a invitar a Inés a poner su mirada en Jesús y Clara usa la imagen del espejo: Mira a Jesús como te miras en el espejo. Mira diariamente este espejo, mira diariamente a Jesús y descubre a Jesús en tu rostro. Mira atentamente este espejo. Al comienzo verás la pobreza de Jesús (el nacimiento), contempla su humildad (su vida pública) y contempla su amor (en la entrega de su vida).

 Si Jesús, en Mateo, nos invitaba a detenernos a mirar, Clara de Asís nos invita a cómo mirar, cómo educar la mirada para poder ver (ya que se puede mirar sin ver).

 Clara de Asís nos propone estos pasos:

 1.- Mira todos los días. Pero no es una repetición mecánica, es una mirada que nos lleva a evolucionar, nos lleva a ir más allá. Es estar y hacer consciente lo que normalmente hacemos de manera mecánica. Hacer lo que hacemos todos los días de manera consciente.

 2.- No sólo mirar diariamente, sino mirar con ATENCIÓN. Porque lo que miro con atención es donde invierto mis energías, ¿dónde invierto mi atención? ¿dónde invierto mi energía? Allí donde hay presencia, hay relación y hay AMOR.

3.- Y, además, CONSIDERA, esto es, abre tu mirada para ver en profundidad. CONSIDERAR es AHONDAR en lo que vemos. Es una mirada sin juicio, es ver lo que ES sin analizar, ni juzgar, ni… AHONDAR implica tiempo.

 4.- Y, para terminar, CONTEMPLA. La contemplación es estar totalmente orientado a OTRO. Cuando estamos orientado a OTRO nos vamos TRANSFORMANDO en aquel/aquello que miramos. En el caso de Clara de Asís, de tanto mirar a Jesús, nos transformamos en Él.

 Cita a FRANK JALIS,sj

 La Hermana Carolina habla de este maestro de la contemplación. Frank Jalis nos enseña a través de un camino de tradición cristiana. Nos orienta en su libro “Ejercicios de contemplación”; ¿Cómo vamos a nuestro interior? ¿Cómo contemplamos? ¿Cómo vivimos nuestro SER?


Esta es la pregunta clave de este discurso: ¿CÓMO NOS SILENCIAMOS?

Frank Jalis nos lo muestra de manera muy muy sencilla, pues en realidad ya tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros. Frank Jalis nos propone unas mediaciones para HABITAR nuestro ser, para HABITAR nuestra casa, para HABITAR nuestro interior.

   Para terminar, sólo he de añadir que en este trabajo diario de ayudar a HABITARNOS, en esa tarea constante de silenciarnos para ENCONTRARNOS, en esa labor de educar a las chicas y chicos de hoy a ENCONTRARSE con si mismos... La Universidad La Salle de Madrid nos ofrece el Posgrado Universitario de Experto en Educación de la Interioridad para el curso 2021-2022:


(Pincha sobre la imagen)



jueves, 15 de febrero de 2018

Oración para la cuaresma

Bienaventuranzas de la Cuaresma
(contra un corazón de piedra)

Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría incontenible.
Felices quienes durante el tiempo de Cuaresma, y en su vida diaria, practican el ayuno del consumismo, de los programas basura de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.
Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón de piedra, para dar paso a la sensibilidad, la ternura, la com-pasión, la indignación teñida de propuestas.
Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús, para conseguir un mundo reconciliado.
Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se transforme en soledad sonora.
Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios, quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia alentadora hacia todo el género humano.
Felices quienes cierran la puerta a los agoreros, a la tristeza y al desencanto, y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión, del encanto, de la belleza, de la solidaridad.
Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio gozoso de los demás, quienes más allá de todas las crisis, mantienen, ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los desvalidos, marginados y oprimidos del mundo. Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un gozoso sendero cuaresmal.
Miguel Ángel Mesa (Bienaventuranzas de la Vida -PPC-)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Oración para empezar el curso

ORACIÓN DEL RELOJ



Señor, al comenzar este nuevo curso
te pido que me regales un nuevo reloj…
No, no, ni digital ni a pilas ni a cuerda,
quiero uno muy especial, quiero tu reloj…

 Un reloj que no marque las horas que me quedan
ni los días que faltan para el fin de semana…
Un reloj que marque solo y exclusivamente
segundos, instantes, oportunidades para hacer el bien.

 Un reloj que se pare cuando alguien entre en apuros,
que se adelante para ver las necesidades del otro
y que se atrase para pedir perdón…
¿Un reloj de pulsera o de pared? No; mucho mejor; de corazón.

 Un reloj en cuyos números aparezcan nombres:
María, Ana, Carlos, Alejandro, Yolanda,…
Nombres y más nombres de amigos, de compañeros,
de hermanos que Tú, Señor, cada día pones en mi camino.

 Un reloj cuyas agujas acaricien, abracen, sirvan,
ayuden, perdonen, escuchen, compartan…
y en cuya esfera aparezca tu rostro de Padre
y de amigo y de compañero de clase, de juegos o de salida.

 Un reloj con un gran despertador
que despierte mi conciencia y mi indiferencia,
y que me recuerde levantarme cuando me caiga
y ponerme en camino cuando me detenga.

 Un reloj con cronómetro incorporado,
no para estresarme, angustiarme o deprimirme,
sino para aprovechar a tope cada día que Tú me regalas,
cada segundo que Tú conviertes en un nuevo reto, en una nueva oportunidad.

 Señor, al comenzar este nuevo curso
me pongo mi nuevo reloj… ¡Tu reloj!
Bendice cada una de las horas, minutos y segundos
que voy a pasar, codo a codo y corazón con corazón, a tu lado.


JM de PALAZUELO

sábado, 22 de abril de 2017

Encuentros de VIDA

La piedra que desecharon los arquitectos
Es ahora la piedra angular (Mt. 21, 42)


(La Manlleva, comunidad de Tarragona)

   Son las cinco de la mañana del Domingo de Resurrección. Un grupo de personas que compartimos en La Manlleva (Tarragona) la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús nos dirigimos a lo que fue en torno al siglo X el gran poblado de Selma en Alt Camp. Nos acompañan en el camino la luz de la luna, preludio la luz que llega, y el cantar ininterrumpido del ruiseñor, que una y otra vez parece querer anunciarnos lo que acontecerá con las primeras luces del día. Mientras hacemos camino resuenan en nuestros corazones las palabras de Juan (capítulo 20, versículo 1): “El primer día de la semana María Magdalena se puso de camino hacia el sepulcro cuando todavía estaba oscuro”.

   Una hora larga de camino hasta llegar a las faldas de la colina donde se erige el castillo de Selma, fortaleza vigía en otros tiempos, y hoy venida a menos. Nos sentamos tranquilos en el verde. Con una mezcla de serenidad e impaciencia esperamos la salida del sol. Celebramos la resurrección de Jesús con este saludo al sol matutino. A las 7,14 horas exactas de la mañana y en un espacio breve de tiempo aparece un disco rojo por el horizonte que transforma el paisaje en vida. El cantar de los pájaros aumenta alegre y los primeros rayos del sol de este domingo de resurrección tocan nuestros rostros y comienzan a calentar nuestro cuerpo agradablemente. Me surge esta certeza: ¡JESÚS HA RESUCITADO!

(Salida del sol desde el poblado de Selma)

   Áquel que unos días antes había sido despojado, torturado, roto, humillado… es ahora levantado y no es regalado en el encuentro, dicho de otra manera, sólo le reconocen aquellos que se encuentran con él. Dios Padre resucita a Jesús y sólo son capaces de verlo quienes tienen esa relación personal con él, María Magdalena, sus apóstoles y sus discípulos, y… todos aquellos (la samaritana, Mateo el recaudador, Jairo, Lázaro, el centurión romano, la mujer endemoniada…) que en el camino de la vida se han topado con él ayer, hoy y mañana.

   Jesús, como ya lo hiciera durante su vida, se sigue haciendo el encontradizo hoy. Resucitó y se encontró y se encuentra con sus amigos. No salió de su boca queja ni reproche alguno, no echó nada en cara a nadie. En su pose y en su hablar no había resquemor, no había ni un ápice de querer cobrar venganza. Todo su semblante era de acogida y de alegría por poder disfrutar una vez más de aquellos que le tenían en su corazón (¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino? –Lc.24,32-). Y es que quien ama, ya no necesita perdonar. El camino hacia la VIDA que había iniciado Jesús estaba trazado, ahora sólo debíamos seguirlo.

   Y esa es la invitación que se nos hace en estos días:


¡Que hagamos de nuestros encuentros VIDA, como lo hizo Jesús!


(Estupa a la entrada de La Manlleva)

sábado, 24 de septiembre de 2016

Tu CASA, mi CASA, nuestra CASA...

Y descubrí que allí donde era, estaba en mi CASA,
y aquel con quien me encontraba era mi HERMANO.



La casa era una casa de hermanos,
donde todos tenían su habitación
y había habitaciones para todos.

En ella había gente y gente,
de todas las razas y colores;
inmenso tapiz
de necesarias y variadas flores diminutas.

A la hora de comer,
la mesa era amplía y redonda,
sin pies ni cabecera
y el pan se repartía abundantemente
-¿alguien más quiere pan?-
para matar todas las hambres.

Nadie apartaba a nadie,
nadie desconocía a nadie,
porque todos comían del mismo pan,
en el mismo plato.

Había humor y fiesta,
desaparecía la raíz de la muerte,
de la depresión y de la tristeza,
porque el bien y el progreso del vecino
era la corona del propio esfuerzo.

De día soñaban,
-la primera cosa era soñar-
Todos trabajaban por lo imposible
y de noche compartían sus sueños
a la luz de la inocencia y de la ternura.

Y la casa crecía y crecía,
según se necesitaba de ella;
y nunca se hundía,
y nunca se desplomaba
porque estaba construida sobre piedra firme.

Y la casa, de tanto crecer,
se hizo mundo.
Y el mundo, de tanto soñar,
Se hizo casa.


viernes, 25 de marzo de 2016

Mensaje para el Triduo Pascual

Hemos comenzado este Triduo Pascual rezando en la Comunidad de las Carmelitas Descalzas de Hondarribia. En la entrada de la capilla nos encontramos con este mensaje precioso:

QUIENQUIERA QUE SEAS,
HAS ENTRADO EN ESTA CASA
DONDE HABITA EL DIOS QUE LO HABITA TODO.
QUIENQUIERA QUE SEAS, ÉL TE ACOGE,
CON TUS ALEGRÍAS Y TUS PENAS,
TUS ÉXITOS Y TUS FRACASOS,
TUS ESPERANZAS Y TUS DECEPCIONES.
¡SÉ BIENVENIDO!
OTRAS PERSONAS ANTES QUE TÚ
HAN AMADO ESTE LUGAR,
HAN CONTRIBUIDO A CONSTRUIRLO, A EMBELLECERLO.
HAN ORADO EN ÉL, RESPÉTALO.
HAZ SILENCIO.
SI ERES CREYENTE, ORA.
SI BUSCAS, REFLEXIONA.
SI DUDAS, PIDE LUZ.
SI SUFRES, PIDE FUERZA.
SI ESTÁS ALEGRE, DA GRACIAS.
Y ¡OJALÁ PUEDAS SEGUIR ESTANDO ALEGRE!
EN ESTA CASA TAMBIÉN ENCONTRARÁS HERMAN@S,
Y PODRÁS ELEVAR A DIOS TU PLEGARIA
JUNTAMENTE CON ELL@S.
¡QUE EL PASO POR ESTE LUGAR
CALIENTE TU CORAZÓN
Y ALEGRE TUS OJOS!
QUIENQUIERA QUE SEAS, DIOS TE ACOGE.
ACÓGELE TAMBIÉN TÚ.


Bella sugerencia para paladear estos días en los que viviremos en Comunidad tristeza y alegría, oscuridad y luz, muerte y vida. Acojamos lo que nos deparen estos días con el corazón abierto.


viernes, 8 de enero de 2016

Todos somos HIJOS de DIOS


El Vídeo del Papa es una iniciativa global desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) para colaborar en la difusión de las intenciones mensuales de Francisco I sobre los desafíos de la humanidad.
Mes a mes acompañaremos al Papa Francisco en su oración. Se nos invita a sumarnos. Visita la sección "Quiero Involucrarme" para saber cómo.


sábado, 17 de octubre de 2015

viernes, 3 de abril de 2015

VIVE


¿Cómo podemos amar a nuestro enemigo?
Sólo hay un camino: comprenderlo.
debemos comprender por qué es como es,
cómo llegó a ser lo que es,
y por qué no ve las cosas como las vemos nosotros.
(Thich Nhat Hanh)

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mc. 12,31)


Habían pasado ya tres años y aquí estábamos en la misma casa que nos vio vivir todos aquellos acontecimientos en Jerusalén. Habíamos venido a la capital a celebrar la Pascua y… Sucedió todo tan rápido... Resultó todo tan inesperado… Nos quedamos todos tan sorprendidos…

Unos días antes habíamos emprendido camino a Jerusalén, algunos se habían adelantado para buscar un lugar donde reunirnos y compartir la PascUa. Nada nos hacía presagiar lo que ocurrió en esos pocos días. Estábamos todos con ganas de vivir juntos este acontecimiento, nuestro corazón vibraba ante lo que nos deparaban estos días de fiesta de nuestra liberación. Unos días que queríamos compartir juntos, con sentido, en esta nueva familia que estábamos formando.

La entrada en la capital fue un tanto extraña. Jesús montado en un asno, nosotros a su alrederor a pie con palmas de platanero en nuestras manos. Algunos de los que nos acompañaban no entendían este gesto y supuso el desconcierto de algunos de los nuestros, entre ellos Judas (uno de los más cercanos a Jesús) que esperaba que Jesús entrará en Jerusalén de otra manera muy diferente, aunque por distintas circunstancias no pudimos saber qué tenía Judas en la cabeza.

Llegamos a la casa y nos reunimos en torno a la mesa, Jesús se ciñó la toalla y nos lavó los pies, y después cenamos todos juntos como manda la tradición. Allí estabamos todos: los doce, otros que seguíamos a Jesús y algunas mujeres, entre ellas, su madre María. La casa estaba repleta de gente. Después de la cena y de dar algunas instrucciones, Jesús fue al monte de los Olivos. Algunos discípulos estabamos allí con él. Jesús se apartó un poquito más y allí intuí que algo no iba bien, pero no sabía qué era. Ahora, después de estos años imagino que pasaría por su cabeza: le vendrían imágenes de su entrada en Jerusalén, una entrada humilde y pacífica (había entre los que le seguían quien hubiera preferido una entrada con espada en mano). Le vendrían a la mente imágenes de sus amigos y amigas, de su madre, de la gente que en estos tres últimos años había compartido camino con él, de… Hacia sólo un momento que había cenado con sus más allegados y ya había hablado con Judas (no le echaba nada en cara, aunque le dolía su postura). No era un momento precisamente agradable. ¡Qué ciegos estábamos! No lo vimos venir y Él tampoco nos dijo nada.

Fue entonces cuando apareció Judas acompañado por soldados y arrestaron a Jesús. Pedro, que en ocasiones era tan explosivo, agredió a uno de los soldados. ¡Qué barbaridad! Ciertamente no entendíamos nada. Jesús tocó al soldado herido con ternura y éste se tranquilizó, después siguió a los soldados.

A partir de aquí todo se salió de quicio y se precipitó. En pocos días Jesús había muerto. Nos quedamos consternados. No acabamos de entender qué había ocurrido y no habíamos tenido tiempo de asimilar lo allí sucedido. Estamos encerrados en la casa en la que días atrás habíamos cenado todos juntos. Teníamos miedo. Jesús no estaba con nosotros y pensábamos que ahora vendrían a por nosotros. Además, algunos habían empezado a irse y la casa empezaba a quedarse grande. ¡Estábamos tan desorientados! ¿Qué se suponía que debíamos hacer? Nos reconcomía las entrañas el sentimiento de no haber hecho nada, aunque ¿qué hubiésemos podido hacer? Habíamos dejado que lo crucificaran y no habíamos movido un dedo.  ¡Qué perdidos estábamos!

Al tercer día de su muerte, algunas mujeres entraron en casa contando historias sobre Jesús. También dos de los que habían dejado la casa regresaron de Emaús diciendo que le habían visto en el camino. Seguíamos en la casa desconcertados más si cabe, cuando Tomás tomó la palabra. Mientras hablaba la puerta se abrió y… y… y allí estaba, era Él? Todos guardamos silencio, Tomás también. No sé cuánto tiempo estuvimos en silencio, pero sé que fue mucho. Al final, muchos nos acercamos con cuidado, le abrazábamos y entre sollozos, reíamos y llorábamos, y llorábamos y reíamos, y… Él con sus gestos delicados y sus palabras tranquilas iba llenando de amor nuestros corazones, como en otras ocasiones. No hubo ninguna mala palabra contra nosotros ni contra sus captores. Como días atrás nuestras vidas se llenaron de paz.

Nos dijo que estuviésemos tranquilos, que no había nada que perdonar, que para que alguien perdone, debe haber un ego herido; sólo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida. Y también nos dijo: “Escuchad mis palabras: Os veo a todos como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayáis herido, sólo tengo amor en mi corazón por todos vosotros; no puedo perdonaros, porque sólo os amo. Quien ama, ya no necesita perdonar. Id y haced todo con amor”.

Entonces, Él se desapareció.


Habían pasado ya tres años de esto y aquí estábamos en la misma casa que nos vio vivir todos aquellos acontecimientos en Jerusalén. Habíamos venido a la capital a celebrar la Pascua y… Jesús seguía aquí con todos nosotros.

viernes, 2 de enero de 2015

¡FELIZ 2015 A TOD@s!

Entrando en este año 2015 recibo una oración del Papa Francisco y no puedo sino reformularla, adecuarla a cómo voy entendiendo y experimentando la vida, en palabras de David Richo: “El dolor y la aflicción constituyen el modo humano sano de manejar la pérdida”. A estas alturas no nos vamos a engañar, cuando más edad tenemos más pérdidas experimentamos, es por ello que de nosotros depende anquilosarnos en esas pérdidas (fomentando en nosotros la tristeza, la ira y el miedo) o crecer y madurar de todo aquello que nos pueda aportar el camino de la vida (viviendo abiertos cosncientemente a aquello que tenga que sucedernos).

Por eso…

Llora y laméntate por lo que perdiste,
pero ahora lucha por lo que te queda.
Llora y laméntate por lo que ha muerto,
pero ahora lucha por lo que ha nacido en ti.
Llora y laméntate por quien se ha marchado,
pero ahora lucha por quien esta contigo. 
Llora y laméntate por quien te odia,
pero ahora lucha por quien te quiere.
Llora y laméntate por quien te ha fallado, 
pero ahora lucha por quien motiva tu vida.
Llora y laméntate por todo aquello que tengas que llorar,
pero ahora lucha por el presente.
Llora y laméntate por tu sufrimiento,
pero ahora lucha por la felicidad que Dios te da;
con las cosas que a uno le suceden
vamos aprendiendo que al final ocurre lo que ha de ocurrir,
Acéptalo pues y sigue adelante
con el corazón y los brazos abiertos.



¡Feliz 2015 a tod@s!


domingo, 31 de agosto de 2014

Al comienzo de curso...




Al comienzo del nuevo curso escolar,
nosotros, los educadores,
seamos cuidadosos con lo que decimos;
seamos positivos y estimulemos a nuestr@s chic@s.
Y al mismo  tiempo,
hagámonos sordos a los mensajes negativos.
¡BUEN CURSO A TODOS!

martes, 1 de julio de 2014

Incontables son las veces...




Incontables las veces, Amigo y Señor,
que te haces Presencia entrañable,
Camino y Misterio, Maestro y Amor.
¡Te haces encuentro de tantas maneras!
¡Hablas en tantos silencios!
¡Confías en tantas palabras!
¡Esperas en tantos desvelos!
¡Te escondes en tantos pequeños!

Incontables las veces
que mis ojos desesperanzados
no reconocen que pasas cerca,
rompiendo ataduras,
cambiando proyectos, aclarando anhelos,
avivando mi mirar, desde lo profundo,
a los rostros de tantos hermanos cercanos, de lejos,
que son transparencia y huella de ese paso tuyo.

Señor de la historia, Señor de mis años,
tu presencia en el hoy de mi vida,
te vistes con ropas de lo cotidiano.
Conoces mis sueños, mis sombras, mis luces,
mis penas, mis alas sin vuelo,
mis pasos desalentados...
Me conoces y sabes que me cuesta verte
en el "paso a paso",
en lo rutinario, en el "día a día",
en lo no brillante, en lo limitado.

¡Limpiame los ojos, mi Dios hecho hermano!
Me conoces y sabes que no me acostumbro a tu traje,
ropa de pocos colores, concreto,
común, desgastado.
¡He buscado tu rostro, Señor de mis años!
Mis ojos han visto en tu paso,
señal de alianza, amor extremado.
Con gran confianza se han vuelto
buscando los tuyos,
pidiendo la gracia, la fuerza, el descanso.

Compañero siempre, mi Dios alfarero,
hazme a tu manera, cántaro sencillo,
de paz, de silencio,
de gratuidad hecha entrega.
Señor de mi vida, amigo, hermano,
hazme a tu manera, gesto cotidiano
de fe, de escucha, de ofrenda, de abrazo.
¡Mi Dios entrañable, mi Dios compañero,
gracias por tu paso!


sábado, 19 de abril de 2014

EL se nos APARECIÓ y...



   Pasaste a la otra orilla roto, herido, insultado, latigado, torturado, crucificado, demacrado, desfigurado, humilladoEncomendaste tu alma al Padre, perdonaste a todos los que habían tenido parte en esto y te dejaste en manos del Padre. Y pasaste a la otra orilla con las heridas y sufrimientos de la humanidad: miedos, traiciones, pérdidas, poder corrupto, dinero negro, celos, envidias, luchas de poder, ego malsano

   En la otra orilla Dios Padre te RESUCITÓ. No sabemos cómo, pero allí apareciste TÚ resplandeciente, con cara apacible. Nos llamaste a cada uno por nuestro nombre como solías hacer, con cariño y cercanía. SÍ, te vimos y nos quedamos como estatuas (por un lado la vergüenza de NO haber podido hacer nada nos paralizaba, por otro el temor que sentíamos al verte ahora, allí, delante de nosotros). Comenzaste a hablar como solías hacer y nos ganaste, otra vez. Creíamos que nunca más nos pondríamos a tu alrededor a escucharte, a conversar como hacen los amigos, a… Y se nos regaló estar contigo como ya lo habíamos hecho, pero de manera nueva. ¡Estábamos tan PERPLEJOS! ¡Estábamos tan CONTENTOS!

   No salió de tu boca queja ninguna, NO nos llamaste traidores ni miedosos ni flojos ni cobardes ni hipócritas… Nos envolviste en ese abrazo mágico que puso todas nuestras partes rotas en su sitio (esto me resucitó), como el Padre había hecho contigo. Y nos dijiste: “DEJAD IR… SOLTAR… y VIVIRÉIS”. Y, entonces, con lágrimas de emoción y alegría en los ojos, comprendí que:

     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te prendieron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te latigaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te insultaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te juzgaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te crucificaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te entregaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te traicionaron.
     ·         TÚ DEJASTE IR a quienes te…
     ·         JESÚS, mi hermano de camino, DEJASTE IR…

   Se nos apareció sin un ápice de IRA, de RABIA, de SED de VENGANZA, de ENFADO, de DERROTA, de FRACASO, de… Hubo en ese encuentro palabras y gestos de cariño, hubo risas y abrazos sentidos como el que vivió MARÍA, su MADRE (que no podía contener el llanto de alegría). Y allí, en ese encuentro, contemplando a mi amigo y hermano Jesús empecé a DEJAR IR…

     ·         DEJE IR la vergüenza y el temor.
     ·         DEJE IR la ira y la rabia.
     ·         DEJE IR el enfado y la sed de venganza.
     ·         DEJE IR los insultos y las peleas.
     ·         DEJE IR las luchas de poder y la competitividad.
     ·         DEJE IR la heridas del pasado y…
     ·         DEJE IR…

   Mi cuerpo se iba liberando de zonas oscuras y sentimientos negativos. Me sentía ligero y vivo. Estaba RESUCITANDO y mis sentidos se ocupaban en VIVIR.