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domingo, 23 de abril de 2023

CAMINO DE EMAÚS

 Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas...

me quemé la mano (Antonio Machado)


 El relato evangélico del camino de Emaús que encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc.24,13-35) narra, de forma preciosa y sugerente, la experiencia del resucitado de dos discípulos que se dirigen hacia Emaús, cabizbajos y desanimados. Mientras se alejan de Jerusalén lloran, en su corazón, la pérdida de su maestro, lloran la pérdida de su grupo de amigos, lloran la pérdida de un proyecto común, lloran…

 De camino a Emaús, un extraño se une a ellos y comienzan a hablar sobre los acontecimientos recientes en Jerusalén, incluyendo la muerte de Jesús. Haciendo camino, el extraño les explica las Escrituras y les muestra cómo la palabra de Dios Padre se cumple en Jesús. Ya de noche, hacen un alto en el camino, los dos de Emaús invitan al extraño a comer con ellos y, al partir el pan, los ojos de los discípulos se abren y reconocen en el extraño a Jesús resucitado.

 En un mundo donde la soledad y el aislamiento pueden ser problemas cada vez más reales, el relato de Emaús nos muestra la importancia de la comunidad y la comunión con los demás en el día a día. Los discípulos se apoyan mutuamente en su tristeza y confusión, y su fe se fortalece cuando comparten su experiencia y perciben en su corazón a Jesús resucitado. Después de reconocer a Jesús, los dos de Emaús “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén; encontraron reunidos a los Once con sus compañeros. Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

 En mundo donde sólo creo lo que veo, el relato del camino de Emaús nos recuerda que la presencia de Jesús está siempre con nosotros, aunque a veces no lo reconozcamos. Los dos de Emaús caminaron con Jesús durante todo el camino sin reconocerlo, pero cuando abrieron sus ojos y su corazón, finalmente pudieron reconocerlo (¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba por el camino…?) Esto nos ha de hacer conscientes que la presencia de Dios está siempre a nuestro alrededor. Y que necesitamos estar atentos y abiertos para poder reconocerlo, sobre todo en el prójimo, reflejo vivo de Jesús resucitado.

 El relato enfatiza la importancia de la Escritura y la enseñanza. Jesús, “Tomando pie de Moisés y los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. El extraño explica las Escrituras a los discípulos y les muestra cómo se cumplen en Él. Esto nos recuerda que la lectura continuada de la Biblia, sobre todo de los evangelios, son esenciales para profundizar en nuestra comprensión de la vida de fe y nuestra relación con Dios. Escribamos nosotros también nuestro relato bíblico, escribamos nosotros también nuestra experiencia de Dios y hagámosla vida en el camino que nos toque andar.

 La historia del camino de Emaús es, pues, un recordatorio poderoso de la importancia de la comunidad de fe, de la apertura a la presencia de Dios en nuestras vidas a través de la relación con el otro y de la enseñanza que habita los textos sagrados que nos ayuda a madurar nuestra fe. ¡JESÚS VIVE EN NUESTROS CORAZONES, ALELUYA, ALELUYA!



sábado, 4 de diciembre de 2021

“Anda, tú fe te ha curado” (Mc.10,52)

 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

El punto de partida es una de las tantas miserias que afligen a los hombres: se trata de un hombre ciego. Conocemos su nombre, Bartimeo, y la localidad donde vive, Jericó. Su condición le obliga a adoptar una actitud pasiva: permanecer sentado y vivir al margen: «Estaba sentado junto al camino» (v. 46)

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

- «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».

El paso de Jesús le da bríos y vitalidad a este hombre, que grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:

- «Hijo de David, ten compasión de mí».

El que habla es un ciego, ciertamente la persona menos indicada para formular afirmaciones teológicas comprometedoras. Mejor hacerle callar y garantizar la tranquilidad. Pero no hay nada que hacer. El ciego grita más fuerte y eleva su jaculatoria hasta hacerse oír por Jesús.

Jesús se detuvo y dijo:

- «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

- «Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús no es sordo -ni de oídos ni de corazón- y manda que llamen al ciego. Tal vez los mismos que querían hacerle callar se ven obligados a llevarlo ante Jesús. Las palabras con que le llaman son ya todo un programa: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49)

Bartimeo recibe la oferta con entusiasmo. Ya no le importa lo que posee, el manto, y lo abandona para acercarse a Jesús. Esta acción puede tener un gran significado: es preciso desembarazarse de todo para ir a Jesús. Lo importante es el encuentro con Jesús; el resto cuenta poco o nada...

Jesús le dijo:

- «¿Qué quieres que haga por ti?».

El ciego le contestó:

- «Maestro, que pueda ver».

Jesús le dijo:

- «Anda, tu fe te ha curado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Ése es el sentido de la pregunta de Jesús, que no quiere poner al ciego en una situación embarazosa. Jesús, de un modo delicado, pone a la persona en una situación cómoda, de forma que pueda responder... La fe de Bartimeo, en este caso su testaruda constancia, ha producido el milagro. Ahora es un hombre transformado: está de pie, es capaz de andar y eso mismo le da la capacidad de ver de otra manera (desde otra perspectiva). La transformación completa llega con la nota final: Bartimeo se pone en pie y sigue a Jesús (y mira con la mirada de Jesús). Deja de ser el ciego sentado al margen del camino y se convierte en caminante que sigue a Jesús.



viernes, 25 de junio de 2021

¿Cómo nos SILENCIAMOS?

   El 12 de junio se celebró de manera “online”, como vienen exigiendo estos tiempos, el IV Simposio de Educación de la Interioridad de la mano de la Universidad La Salle de Madrid. Bajo el título: “La meditación en la Educación de la Interioridad”, Elena Andrés (directora de contenidos del Posgrado de Interioridad) nos situó en la reflexión de la mañana.

   La primera persona en darnos LUZ, es la hermana clarisa de nombre Carolina, nacida y residente en Resistencia, población argentina. Suavemente pero con corazón y pasión nos introduce durante poco más de una hora en lo que es “LA MIRADA”. Nos envuelve con sus palabras y con su mensaje, según va hablando y compartiendo va captando más y más mi atención. En su exposición cita a Mateo, a Clara de Asís y a Frank Jalis, sj.

 Cita a Mateo (Mt.6,24-34):

No se inquieten por su vida PENSANDO… El Padre sabe lo que necesiten.

No se inquieten por el mañana, a cada día le basta con su afán.

Y nos ofrece algunas claves de interpretación.

Mediante este texto, dice la Hermana Carolina, Jesús de Nazaret nos invita a tres cosas (aparentemente sencillas):

1.- No nos inquietemos pensando.

2.- Detengámonos a mirar lo que nos rodea. Vivamos el presente, para poder conectar con nuestro yo interior.

3.- Y estemos presentes hoy, pues a cada día le basta su afán. Dios nos da lo que necesitamos.

Cita a CLARA DE ASÍS:


La Hermana Carolina nos habla de Clara de Asís y como la “mirada” es clave en la vida de Clara.

 Parece que Clara de Asís no dejo muchos escritos, pero si que tenemos cuatro cartas que escribió a Inés de Prada (persona que no conoció personalmente). La Hermana Carolina se centra en la 4ª carta. En el momento en que la escribe Roma NO ha reconocido todavía su Comunidad ni su Regla.

 Clara de Asís siempre va a invitar a Inés a poner su mirada en Jesús y Clara usa la imagen del espejo: Mira a Jesús como te miras en el espejo. Mira diariamente este espejo, mira diariamente a Jesús y descubre a Jesús en tu rostro. Mira atentamente este espejo. Al comienzo verás la pobreza de Jesús (el nacimiento), contempla su humildad (su vida pública) y contempla su amor (en la entrega de su vida).

 Si Jesús, en Mateo, nos invitaba a detenernos a mirar, Clara de Asís nos invita a cómo mirar, cómo educar la mirada para poder ver (ya que se puede mirar sin ver).

 Clara de Asís nos propone estos pasos:

 1.- Mira todos los días. Pero no es una repetición mecánica, es una mirada que nos lleva a evolucionar, nos lleva a ir más allá. Es estar y hacer consciente lo que normalmente hacemos de manera mecánica. Hacer lo que hacemos todos los días de manera consciente.

 2.- No sólo mirar diariamente, sino mirar con ATENCIÓN. Porque lo que miro con atención es donde invierto mis energías, ¿dónde invierto mi atención? ¿dónde invierto mi energía? Allí donde hay presencia, hay relación y hay AMOR.

3.- Y, además, CONSIDERA, esto es, abre tu mirada para ver en profundidad. CONSIDERAR es AHONDAR en lo que vemos. Es una mirada sin juicio, es ver lo que ES sin analizar, ni juzgar, ni… AHONDAR implica tiempo.

 4.- Y, para terminar, CONTEMPLA. La contemplación es estar totalmente orientado a OTRO. Cuando estamos orientado a OTRO nos vamos TRANSFORMANDO en aquel/aquello que miramos. En el caso de Clara de Asís, de tanto mirar a Jesús, nos transformamos en Él.

 Cita a FRANK JALIS,sj

 La Hermana Carolina habla de este maestro de la contemplación. Frank Jalis nos enseña a través de un camino de tradición cristiana. Nos orienta en su libro “Ejercicios de contemplación”; ¿Cómo vamos a nuestro interior? ¿Cómo contemplamos? ¿Cómo vivimos nuestro SER?


Esta es la pregunta clave de este discurso: ¿CÓMO NOS SILENCIAMOS?

Frank Jalis nos lo muestra de manera muy muy sencilla, pues en realidad ya tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros. Frank Jalis nos propone unas mediaciones para HABITAR nuestro ser, para HABITAR nuestra casa, para HABITAR nuestro interior.

   Para terminar, sólo he de añadir que en este trabajo diario de ayudar a HABITARNOS, en esa tarea constante de silenciarnos para ENCONTRARNOS, en esa labor de educar a las chicas y chicos de hoy a ENCONTRARSE con si mismos... La Universidad La Salle de Madrid nos ofrece el Posgrado Universitario de Experto en Educación de la Interioridad para el curso 2021-2022:


(Pincha sobre la imagen)



sábado, 22 de abril de 2017

Encuentros de VIDA

La piedra que desecharon los arquitectos
Es ahora la piedra angular (Mt. 21, 42)


(La Manlleva, comunidad de Tarragona)

   Son las cinco de la mañana del Domingo de Resurrección. Un grupo de personas que compartimos en La Manlleva (Tarragona) la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús nos dirigimos a lo que fue en torno al siglo X el gran poblado de Selma en Alt Camp. Nos acompañan en el camino la luz de la luna, preludio la luz que llega, y el cantar ininterrumpido del ruiseñor, que una y otra vez parece querer anunciarnos lo que acontecerá con las primeras luces del día. Mientras hacemos camino resuenan en nuestros corazones las palabras de Juan (capítulo 20, versículo 1): “El primer día de la semana María Magdalena se puso de camino hacia el sepulcro cuando todavía estaba oscuro”.

   Una hora larga de camino hasta llegar a las faldas de la colina donde se erige el castillo de Selma, fortaleza vigía en otros tiempos, y hoy venida a menos. Nos sentamos tranquilos en el verde. Con una mezcla de serenidad e impaciencia esperamos la salida del sol. Celebramos la resurrección de Jesús con este saludo al sol matutino. A las 7,14 horas exactas de la mañana y en un espacio breve de tiempo aparece un disco rojo por el horizonte que transforma el paisaje en vida. El cantar de los pájaros aumenta alegre y los primeros rayos del sol de este domingo de resurrección tocan nuestros rostros y comienzan a calentar nuestro cuerpo agradablemente. Me surge esta certeza: ¡JESÚS HA RESUCITADO!

(Salida del sol desde el poblado de Selma)

   Áquel que unos días antes había sido despojado, torturado, roto, humillado… es ahora levantado y no es regalado en el encuentro, dicho de otra manera, sólo le reconocen aquellos que se encuentran con él. Dios Padre resucita a Jesús y sólo son capaces de verlo quienes tienen esa relación personal con él, María Magdalena, sus apóstoles y sus discípulos, y… todos aquellos (la samaritana, Mateo el recaudador, Jairo, Lázaro, el centurión romano, la mujer endemoniada…) que en el camino de la vida se han topado con él ayer, hoy y mañana.

   Jesús, como ya lo hiciera durante su vida, se sigue haciendo el encontradizo hoy. Resucitó y se encontró y se encuentra con sus amigos. No salió de su boca queja ni reproche alguno, no echó nada en cara a nadie. En su pose y en su hablar no había resquemor, no había ni un ápice de querer cobrar venganza. Todo su semblante era de acogida y de alegría por poder disfrutar una vez más de aquellos que le tenían en su corazón (¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino? –Lc.24,32-). Y es que quien ama, ya no necesita perdonar. El camino hacia la VIDA que había iniciado Jesús estaba trazado, ahora sólo debíamos seguirlo.

   Y esa es la invitación que se nos hace en estos días:


¡Que hagamos de nuestros encuentros VIDA, como lo hizo Jesús!


(Estupa a la entrada de La Manlleva)

domingo, 12 de marzo de 2017

Sé un poco MÁS (comentario para cuaresma)

   La liturgía nos recuerda que llevamos diez días de Cuaresma y desde el comienzo nos ha invitado a hacer camino, incluso nos ha invitado a discurrir por el desierto de la misma manera que lo hizo Jesús durante cuarenta días. Y es que el Espíritu llevó a Jesús al desierto para el que diablo lo tentara.

   Y es que ese mismo Espíritu nos lleva al desierto para que nos enfrentemos con todo aquello que nos hace menos persona y nos empequeñece, para que enfrentemos todo aquello que en nuestra vida diaria nos aleja de nuestro ser y nos distrae de la atención a lo interior y al otro. Acaso, ¿Creemos que podemos escapar de nuestros propios “desiertos”? ¿Cuántas veces nos ha puesto la vida frente a aquello de lo que huíamos con todas nuestras fuerzas? ¿De verdad pensamos que con negar y esconder nuestros miedos y nuestros lados oscuros podemos caminar y crecer como personas? Realmente, sólo madura aquel que se ha enfrentado a sus miedos y a sus oscuridades. Y esa lucha interior (por llamarla de alguna manera) ocurre en el desierto, en esas épocas de nuestra vida que todos vivimos en las que tenemos que mirar cara a cara aquello de lo que hemos huido con tantas ganas.

   Voy intuyendo lo importante que es silenciarse y hacer consciente aquello que durante tanto tiempo he silenciado por cobardía o por miedo o por ignoracia o por… Sí, así he llegado al desierto (al que no tenía intención de ir). En un momento “duro” en el que hacer silencio es lo que más cuesta y hacerse consciente “duele”. Y precisamente es en ese desierto interior, en ese lugar donde cuesta silenciarse y donde todo el ser siente “dolor”, donde podemos renacer y donde podemos hacernos “más”.

   Jesús era maestro en esto, era maestro en ser “más”. Jesús era cada día un poco “más”. ¿Quién de nosotros está acabado con treinta o con cuarenta o con ciencuenta años? Si la VIDA es CAMINAR, es que cada día podemos ser un poco “más”. Aquí radica la importancia de atravesar nuestros propios desiertos. Si los atravesamos podremos SER un poco MÁS, y podremos ser un poco más como Jesús.

   La liturgia de hoy nos presenta el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto, el monte del Encuentro diría yo. En los evangelios Jesús se retira al monte a orar y es lo quiero rescatar de la lectura de hoy: Jesús no está sólo, su Dios que es Padre está con él siempre, pero de forma especial cuando Jesús acude al monte a rezar.


   Por eso, cuando el Espíritu nos lleve hacia algún desierto interno, busquemos una montaña silenciosa y recogida. Allí silenciémonos, hagámanos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior y con Dios Padre de la mano renovémonos y seamos un poco MÁS.

lunes, 7 de marzo de 2016

Sobre el ACOMPAÑAR y el ESTAR

El cobrador de impuestos ni siquierase atrevía a levantar los ojos al cielo,
Sino que se golpeaba y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mi que soy pecador!”
(Lc.18,13)


   Muchas veces el lugar en el que trabajamos (¡dichosos aquellos que tienen trabajo!) se convierte en un micromundo y en un fiel reflejo que cómo es la sociedad y el mundo concreto en el que nos movemos. Me refiero claramente a a trabajos donde estamos codo con codo con otros. Con gesto humildad por mi parte y con la mano sobre mi pecho simplemente quiero mostrar lo que yo percibo, que bien pueda ser que esté errado, pues al final es una simple cuestión de percepción.

   ¿Cuántas veces no habré oído las expresiones: “ya le he dicho que…” o “es que no tengo tiempo”o…?

   Sí, parece que ahora triunfa el “ya le he dicho que…”. Es una de las frases preferidas de aquellos que tienen que poner normas a nuestr@s niñ@s y adolescentes de hoy día (esos que serán el futuro cuando nosotros seamos ancianos). Unido a esta expresión cuántas veces he oído también hablar a los adultos (que somos los educadores) en este tono: “¡No me voy a castigar yo!”. E inmediatamente pienso en mi generación, donde nuestros padres y maestros decían y actuaban. ¿Cuántos padres y educadores han estado “mil horas” con nosotros en casa o en la escuela? Las tardes que habré he estado en la cocina con mis padres por no hacer lo que debía o las tardes que habré he estado en el Cole después de la hora. ¿Cuántos no habremos agradecido tener límites claros? Ahora parece que nos conformamos con registrar faltas, casi sin consecuencias significativas. ¿Dónde queda el diálogo con nuestr@s chic@s? ¿Quién confronta con ellos? ¿Quién acompaña hoy a nuestros niñ@s y jóvenes?

   Muy a mi pesar voy descubriendo con tristeza que al “ya le he dicho que…” le acompaña siempre “es que no tengo tiempo de…”. Es cierto que vivimos tiempos acelerados y estresantes, pero también es cierto que, a veces, parece que esta falta de tiempo es interesada. Voy percibiendo que el “no tengo tiempo de…” es más bien “no quiero hacer…” o “no sé hacer…” o “ya hago bastante…” Un discurso muy peligroso, porque lleva directamente de la preocupación por el “otro” a la preocupación por “uno mismo” (mi tiempo, mi horario, mi opinión…). Cuando llegamos a este punto podemos dar por finalizado cualquier acto de gratuidad, incluso algo tan sencillo como regalar un minuto de tu presencia a alguien que quizás la necesita. Creo que lo interesante sería rescatar ese equilibrio genuino que hemos conocido de niñ@s entre la preocupación por el “otro” y por “uno mismo”.

   Pero parece que no todo acaba ahí, del “ya le he dicho que…” pasamos al “es que no tengo tiempo de…” y entonces llegan la “queja” y el “drama”. Yo diría que cierto nivel de “queja” es normal, al fin y al cabo, por algún lado tiene que salir la tensión, pero quizás conozcáis quien sólo se queja una y otra vez haciendo de cada dificultad de la vida un drama interminable que no aporta nada ni a la sociedad y a si misma. Hay personas que se encuentran a gusto en el drama porque no necesitan moverse, no quieren evolucionar o implicarse y siempre es más fácil mirar hacia otro lado y tirar balones fuera.

   Trato de mirar a Jesús como lo hacía el recaudador de impuestos y con la mano sobre mi pecho (porque yo también me he quejado mucho y he dramatizado mucho y…) intento vislumbrar lo que deberíamos ser para nuestro chic@s, adolescentes y jóvenes (y quizás no tan jóvenes).

   Jesús era un maestro en acompañar a todo aquel con quien se encontraba, le daba igual que fuesen ricos que pobres, judíos fariseos que samaritanos vilipendiados, romanos que paganos. Aunque por lo que vemos en los evangelios tuvo una especial preferencia por los más marginados, pobres, enfermos, endemoniados… ¿Sabemos acompañar? ¿estamos con aquellos que están más necesitados?

   Jesús tuvo la audacia y la valentía de estar presente. Realmente, a veces, no hace falta más que hacerse presente. Muchas veces no es tan importante lo qué haré o lo qué diré o lo nervioso que me pone éste o el otro o… (yo que sé cuántos pensamientos y expectativas se pueden generar en nuestra cabeza). Para estar presente no hace falta ni hablar ni hacer ni relojear ni conseguir rendimiento alguno ni esperar algo a cambio. Aquel que está, está para sí mismo y para los demás. Es una actitud de vida. ¿Nos hacemos presentes con los que tenemos alrededor?

   Jesús no dramatizaba. Él fue quien dijo que las dificultades y los problemas tienen su sentido. ¿Qué podría decir yo de esto cuando incluso aceptó la cruz? ¿Acepto y doy sentido a las dificultades y problemas a las que me va enfrentando la vida? ¿o prefiero quejarme y hacer de todo un drama baldío que no lleva a ningún lado?

   Jesús se retiraba a orar. Jesús necesitaba tiempos para detenerse y centrar su corazón en el Padre. ¿Me retiro yo a orar? ¿Me sitúo en la vorágine diaria con un corazón centrado?  ¿o me dejo atrapar por todo lo que ocurre a mi alrededor como si eso fuera lo absoluto?

   Quiero acabar esta reflexión con una frase de Paul Claudel: Dios no vino a suprimir el sufrimiento. No vino ni siquiera a dar una explicación. Vino a llenarlo de su presencia”.

¡Qué importante es acompañarnos! ¡Qué importantes en estar!



miércoles, 28 de octubre de 2015

Al mostrarnos...



No es nada fácil mostrarse vulnerable, incoherente, desbordado. No es fácil porque cuesta contar esas cosas que rompen nuestra coraza de supuesta perfección o que no nos dejan en buen lugar. Sin embargo, quedas con alguien porque necesitas charlar. Pero alargas la conversación. Y discutes de todo y de nada, como retrasando ese instante inevitable en el que empezarás a hablar de ti. De esa verdad tan tuya que te hace sentir débil, imperfecto.
Lo cuentas casi susurrando, con la mirada perdida, tal vez avergonzado. Y quizás te arrepientes de haberte lanzado a hablar. Pero a medida que te escuchas te encuentras más esponjado y sientes que algo dentro de ti se empieza a desanudar. Que estás descubriendo a un “enemigo” y desenmascarando esas cosas que «quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto» (Ejercicios Espirituales, 326). Esas cosas que, colocadas junto a otras muchas, te permiten descubrirte… humano.
Y al mostrarte transparente reconoces que eres -al mismo tiempo- sombra y luz, guerra y paz. Y cuando terminas notas que caminas liberado. Porque te has permitido ser tú. Y no ha pasado nada.

(publicación de espiritualidad ignaciana en facebook)

martes, 18 de agosto de 2015

¿AMAS lo que HACES?

“Para que algo pueda tomar carácter religioso
ha de ser simple y poderse repetir”
(Sabio japonés)



   Aprovecho estos días preciosos de verano para leer “El despuntar del Ser” de K.G. Dürckheim. En el capítulo VI el autor conversa un un hombre japonés ya mayor que le dice esta sorprendente frase: “Para que algo pueda tomar carácter religioso ha de ser simple y poderse repetir”. Dürckheim descubre en dicha frase que, de ser así, todo puede contener una potencialidad religiosa, no sólo el respirar y el andar, sino también todo movimiento del trabajo automático y el ya amplio campo de los conocimientos técnicos.

   Me resulta especialmente interesante caer en la cuenta de que en el trasiego diario que podamos vivir, la rutina pueda desaparecer para convertirse en oportunidad de transcender. ¿Cómo vivimos nuestra rutina? Aquello que nos toca hacer, ¿lo hacemos con gusto y con finura? ¿somos artesanos de lo que nos toca vivir? ¿vamos más allá en aquello que nos toca hacer y vivir? Utilizando otras palabras, ¿somos contemplativos en la acción? ¿encontramos sentido en lo que hacemos todos los días? ¿llegamos a amar lo que hacemos?

   En esta cultura que nos ha tocado vivir, la rapidez e inmediatez de muchas de las cosas que tenemos que hacer no nos permite ser felices en aquello que hacemos, porque la productividad o los resultados más empíricos se imponen. ¿Es posible amar lo que hacemos? ¿es posible dar relevancia a aquello que hacemos con cariño? ¿no es, acaso, una manera de madurar y crecer como persona?

   Amar la vida que se nos regala con sus colores vivos y con sus colores oscuros.
   Amar es crear ese espacio donde se respira y se sonríe, es crear ese espacio donde se está en paz en el trasiego diario.
   Ese espacio puede ser un encuentro con uno mismo o con otra persona, un encuentro con un paisaje o con una disposición interior, incluso, un encuentro con una enfermedad o un evento desagradable.
   Amar necesita tiempo,
   un encuentro necesita tiempo,
   respirar y sonreír necesitan tiempo,
   …necesitan su tiempo, un tiempo que muchas veces no coincide con el tiempo que nosotros queremos.

   ¿Estamos dispuestos a amar lo que hacemos, a buscar espacios de ...?

domingo, 17 de mayo de 2015

¿Inteligencia emocional de Jesús?



La inteligencia emocional de Jesucristo es un hecho.

La imagen que dio a sus más allegados y a quienes lo conocieron lo presentan como una persona consciente, equilibrada, controlada, asertiva, que expresaba sus sentimientos positivos y negativos, que defendía sus derechos sin herir ni agredir al otro, con una elevada capacidad de empatía.

Tenía un sentido claro y definido de la vida, era brillante al resolver problemas. En Jesús vemos realizado el proyecto humano de la realidad divina.

sábado, 23 de agosto de 2014

¿VER en tiempos recios?

   Cuando aprendemos a ver desde nuestra verdadera identidad, todo, absolutamente todo lo que aparece, es reconocido como algo que nace de lo que somos. Por tanto, lo que vivimos es aceptación, no como resignación, sino como rendición a una sabiduría mayor. (Enrique Martínez Lozano, “otro modo de ver, otro modo de vivir”)



   Nos movemos en tiempos donde las distracciones son muchas y de muchas clases: pensamientos descontrolados, saturación tecnológica, invitación al consumismo inmediato, tendencia a la normalidad estadística, insatisfacción permanente generalizada… Se hace difícil ver en estos “tiempos recios” que diría Santa Teresa, quien avisaba a sus monjas de no culpar a los tiempos, que para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve siempre es tiempo.

   Y es que aunque caemos en la trampa de pensar que estos tiempos son más difíciles que otros, lo cierto es que todas las épocas son inmediatas a Dios (M. de Certeau), ya que todas están a la misma distancia de Dios y Dios mantiene una relación inmediata con cada época. (Salvador Ros García, La experiencia de Dios en mitad de la vida)


   A nada de comenzar el nuevo curso escolar, me siento llamado a descubrir y ver en esta época los signos de la presencia de Dios en nuestra sociedad secularizada y en medio de una fuerte increencia. Es el punto de partida de una espiritualidad laica, para gente que vive en el mundo “hallando a nuestro Señor Dios en todas las cosas” como dice San Ignacio.


miércoles, 27 de marzo de 2013

¿El silencio de Dios Padre?




“Sh sh sh sh sh sh sh sh… silencio” decía con voz firme y tranquila.
“Sh sh sh sh sh sh sh sh… silencio” invitaba con un gesto amable y apaciguador, mientras su dedo índice se acercaba a la arqueada sonrisa impresa en sus labios.
“Sh sh sh sh sh sh sh sh… silencio” salía de su boca de manera dulce, mientras que una de sus manos acariciaba suavemente mi cabeza  y se posaba sobre mi hombro.
“Sh sh sh sh sh sh sh sh… Silencio” …estoy contigo…descansa…déjate descansar…relájate…silénciate…

Estoy en su regazo.
Después de días intensos y de mucho ajetreo,
por fin, me dejo en sus manos.
Ya tenía ganas.
Aquí soy más YO.
Estando en este silencio tan bueno para mi alma,
no puedo parar de pensar en los silencios de nuestra vida
y, casi automáticamente, comienzo a enumerarlos:

Hay silencios incómodos, pero también los hay agradables.
Hay silencios cortos que parecen eternos, pero también silencios eternos que parecen cortos.
Hay silencios dolorosos, pero también los hay alegres.
Hay silencios que esconden mentira, pero también los hay que esconden verdad.
Hay silencios ante cosas sencillas, pero también los hay de puro asombro.
Hay silencio ante las pérdida, pero también los hay frente al encuentro.
Hay silencios cómplices, pero también los hay compartidos.
Hay silencios que provocan, pero también los hay que equilibran.
Hay silencios para llorar, pero también hay silencios para sonreír.
Hay silencios que ocultan secretos, pero también los hay que protegen.
Hay silencios que faltan al respeto, pero también los hay que respetan.
Hay silencios poco silentes, pero también hay silencios “sin ruido”.
Hay silencios por timidez, pero también los hay por conciencia.
Hay silencios por miedo, pero también los hay por valentía.
Hay silencios por ignorancia, pero también los hay por sabiduría.
Hay silencios…, pero también los hay…

Estoy a gusto en su regazo y…
y… sigo divagando sobre el silencio

Hay un silencio que se produce en la cabeza,
¡cuánto me cuesta acallarla!
Hay un silencio que se registra en todas las células y órganos de mi cuerpo,
¡el silencio de mi respiración acompasada con la Dios Padre!
Hay un silencio que me rodea y me envuelve,
¡Dios Padre me cubre con su mano!
Hay un silencio que se produce en mi interior, en lo más hondo,
un silencio que no es sólo mio, que me penetra y que me llena
¡Ese silencio me emociona, es el silencio de Dios Padre!

Estoy en tu regazo Dios Padre,
GRACIAS, por acogerme.
Ya no hacen falta más palabras,
simplemente guardemos silencio.

lunes, 15 de octubre de 2012

DISCURSO DE DESPEDIDA DEL PRESIDENTE DE COCA COLA


   El discurso más corto... por Bryan Dyson. Lo dijo al dejar el cargo de Presidente de Coca Cola. "Imagina la vida como un juego en el que estás malabareando cinco pelotas en el aire". Estas son: tu trabajo, tu familia, tu salud, tus amigos, y tu vida espiritual; y tú las mantienes todas éstas en aire. 

   Pronto te darás cuenta que el trabajo es como una pelota de goma. Si la dejas caer, rebotará y regresará. Pero las otras cuatro pelotas: Familia, Salud, Amigos y Espíritu son frágiles, como de cristal. Si dejas caer una de estas, irrevocablemente saldrá astillada, marcada, mellada, dañada e incluso rota. Nunca volverá a ser lo mismo. 

   Debes entender esto: apreciar y esforzarte por conseguir y cuidar lo más valioso. Trabaja eficientemente en el horario regular de oficina y deja el trabajo a tiempo. Dale el tiempo requerido a tu familia y a tus amigos. Haz ejercicio, come y descansa adecuadamente. Y sobre todo... crece en vida interior, en lo espiritual, que es lo más trascendental, porque es eterno. Shakespeare decía: Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?. Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, ¡por eso ámala !. 
Vive intensamente y recuerda:

Antes de hablar...¡Escucha!
Antes de escribir... ¡Piensa!
Antes de criticar...¡Examina!
Antes de herir...¡Siente!
Antes de orar ¡Perdona!
Antes de gastar ¡Gana!
Antes de rendirte ¡Intenta! 
ANTES DE MORIR...¡¡ VIVE !!


sábado, 8 de septiembre de 2012

Se despierta al alba, con la tenue luz de los primeros rayos del sol

  En la oscuridad más oscura de las oscuridades un fino haz de luz me atravesó, las tinieblas quedaron así rasgadas y allí fui consciente de que la oscuridad más oscura de las oscuridades no existe y que, ésta, ciega tanto como la luz más luminosa de miles de flashes disparando al mismo tiempo. Así descubrí la importancia del fino haz de luz, con sus colores y sus tonos agradables.

   Comencé, entonces, a entender que no todo es blanco ni todo es negro, que también existen los grises; o por dar un poco más de color y alegría, que no todo es blanco inocencia ni es negro tristeza, sino que hay rojo pasión, azul amistad, verde esperanza, amarillo placer, naranja fiesta, rosa ternura, violeta calma…

   Con cuidado y buscando el tiempo necesario para estar en silencio conmigo mismo (cosa importante a hacer todos los días) me propuse dar colorido a los acontecimientos que ya había vivido y a los acontecimientos que iba viviendo día a día. A este trabajo he dedicado conscientemente ya algún tiempo y, después de ver los frutos, estoy convencido de que tenía que haber empezado mucho antes.

   Allí donde aparece un pensamiento blanco claro o un oscuro negro me detengo e intento colorearlo. No penséis que es fácil; dudar de tus propios pensamientos es difícil, pero he descubierto que no todos los pensamientos que cruzan por mi cabeza son ciertos, muchas veces son conjeturas que crean incertidumbre y estrés. Aquellos pensamientos que intranquilizan tu corazón no son verdaderos, desconfía de ellos, busca la manera de darles color, un color que apacigüe tu corazón: es la mente quien busca, pero es el corazón quien encuentra (George Sand).

   De esta manera voy resituándome en la vida de forma consciente, dando sentido, en la medida de lo posible a aquello que voy haciendo. Y en este bonito trabajo de autodescubrimiento personal intuyo la importancia del AMOR. Usando una cita del evangelio de Mateo: “El que ha llegado a la oración y al amor verdadero, ya no distingue los objetos, no distingue al justo del pecador, sino que ama igualemente a todos los hombres y no los condena, a semejanza de Dios que hace brillar el sol y caer la lluvia sobre buenos y malos” (Mt. 5,45).

   Con estos pensamientos y sentimientos y cogiendo unas palabras de Chaplin, me atrevo a decir:

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos...
Por eso, canta, ríe, baila, llora, arriesga, pierde, grita,
apasiónate,  mete la pata, perdona y pide perdón,
y vive intensamente cada momento de tu vida...
...antes que el telón baje
y la obra termine sin aplausos.

¡Hey, hey, sonríe!
más no te escondas detrás de esa sonrisa...
Muestra aquello que eres, sin miedo.
Sonríe al que te sonría, al triste, al amigo,
al no tan amigo, al que te hizo daño,
a quien dañaste, a quien fallaste,
a ti mismo.
Sonreir es ser gratuito,
sonreir contagia sonrisa.
Existen personas que sueñan
con tu sonrisa, así como yo.

¡Ama!
Ama por encima de todo,
ama a todo y a todos,
ama a la familia y a los cercanos,
a los compañeros de trabajo,
al no tan amigo, al que te hizo daño,
quien dañaste, a quien fallaste,
al solitario, a…, al…
Libérate de todo prejuicio y AMA,
Sólo tienes una vida,
no la eches a perder por resentimiento.
No hasgas caso de murmuraciones y cotilleos,
no dramatices, no creas lo que viene de fuera…
SONRÍE y AMA, y tu corazón florecerá.

No cierres los ojos a la suciedad del mundo,
¡no ignores el hambre!
Olvida la bomba,
pero antes haz algo para combatirla,
aunque no te sientas capaz.

¡BUSCA!
Busca lo que hay de bueno en todo y todos.
No hagas de los defectos una distancia,
y si, una aproximación.
SONRÍE y AMA, y tu corazón florecerá.

¡ACEPTA!
La vida, las personas(todas ellas),
haz de ellas tu razón de vivir.

¡ENTIENDE!
Entiende a las personas que piensan diferente a ti, 
no las repruebes, escúchalas y sintoniza con ellas.

¡Eh! Mira...
Mira a tu espalda, cuantos amigos...
¿Ya hiciste a alguien feliz hoy?
¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo?
¿Perdonaste a alguien?
¿Pediste perdón a alguien?
¿Intentaste reconciliarte con alguien?
¿…?
SONRÍE y AMA, y tu corazón florecerá.

¡Eh, NO CORRAS!...
¿Para qué tanta prisa? 
Corre apenas dentro tuyo.

¡SUEÑA!
Pero no perjudiques a nadie y
no transformes tu sueño en fuga.

¡CREE! ¡ESPERA!
Siempre habrá una salida,
siempre brillará una estrella.

¡LLORA! ¡LUCHA!
Haz aquello que te gusta,
siente lo que hay dentro de ti.

OYE...
Escucha lo que las otras personas
tienen que decir, es importante.

SUBE...
Haz de los obstáculos escalones
para aquello que quieres alcanzar.
Mas no te olvides de aquellos
que no consiguieron subir
en la escalera de la vida.

¡DESCUBRE!
Descubre aquello que es bueno dentro tuyo.
Procura por encima de todo ser gente,
yo también voy a intentar.
¡Hey! Tú...
ahora ve en PAZ.
Yo preciso decirte que... TE ADORO,
simplemente porque existes.

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Por qué los gansos vuelan en "V"?

La ciencia ha descubierto que los gansos vuelan formando una V porque cada pájaro bate sus alas produciendo un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Volando en V la bandada completa aumenta por lo menos un 71% más su poder de vuelo, a diferencia de que si cada pájaro volara solo.

Cada vez que el ganso se sale de la formación, siente la resistencia del aire y se da cuenta de la dificultad de volar solo. Por lo anterior, de inmediato se incorpora a la fila para beneficiarse del poder del compañero que va delante.

Cuando el ganso que va en cabeza se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso o gansa toma su lugar. Los gansos que van detrás producen un sonido propio de ellos para estimular a los que van delante para mantener la velocidad.

Cuando una gansa o ganso enferma o queda herida, dos de sus compañeras se salen de la formación y la siguen para ayudarla o protegerla. Se quedan con ella hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muera. Sólo entonces las dos compañeras vuelven a la banda o se unen a otro grupo.

Parece que cuando compartimos una dirección común y tenemos sentido de comunidad, podemos llegar a donde deseamos más fácilmente y más rápido. Este es el beneficio del mutuo apoyo.