viernes, 6 de abril de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
DÉJATE QUERER, PARA PODER QUERER
Infinitos son sus nombres: Unidad Divina que todo lo conecta (norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y dentro); la Madre Tierra que nos da la vida, nos sustenta y nos cuida; La siempre brillante Luna protectora y sabía; las lágrimas de Ra (el Sol) que al caer sobre tierra modelaron del desierto a la humanidad; el Padre de todo que al exhalar su hálito de vida sobre el barro dio origen al hombre y a la mujer; La Luz que nos alumbra, nos guía y muestra el camino; la… ; el…
¿Cómo entender semejante grandeza desde nuestro ser finito? Quién haya probado sólo un instante la “infinitud” de alguno de sus nombres ya ha probado parte de la inmortalidad que nos espera. Para algunos será volver a esa corriente de la Unidad Divina; para otros volver a la Madre Tierra o a las arenas del desierto y resurgir de ella; para otros acceder a otra vida con una Luz que jamás se apaga y da un calor eterno.
Sólo en la Soledad de estar con uno mismo, sólo en la soledad de la vida (esa que alguna vez todos sentimos), sólo en ese ser y sentirse “vulnerable”, sólo en ese momento donde afloran los “miedos” es donde sentimos la breve, pero intensa experiencia de la inmortalidad. ¡Ese silencio que tanto miedo nos da y al que muchas veces nos resistimos ha de ser tan intenso, tan vivido! No hay otra manera de llegar que cruzar el desierto de nuestro corazón en total silencio y en total soledad.
Y es ahí, en ese momento, cuando salen todos nuestros “dragones” cuando aparece El o Ella, como un Padre o una Madre que vela a nuestro lado, como una Madre que está junto a su hijo doliente queriéndote con todo su corazón. Es entonces… cuando sentimos ese amor de madre que mitiga lo más hondo de nuestro ser. Es entonces… cuando la palabra AMOR cobra sentido, porque en ese estado interior de plena escucha es cuando uno se siente amado por… (ponle el nombre que quieras), se siente amado por… esa Madre tan cercana, es en ese estado donde se disuelven nuestras culpas, nuestros miedos, nuestras faltas, nuestras “paranoias”, nuestros…, nuestras…
En ese lugar interior, además, es donde experimentamos un cariño liberador; aprendemos a querer más limpiamente porque nos hemos sentido queridos de verdad. Ya no importan nuestros “fallos”, nuestras “culpas”, nuestros “sinsentidos”… Ya no importan el “mal” que hayamos hecho o nos hayan podido hacer, Ya no importan… porque la razón que nos mueve es querer al que tenemos al lado, a quien vemos y a quien no vemos.
La invitación es clara: Haz silencio todos los días, conéctate al “Todo que te quiere” (usa el nombre que quieras usar) y déjate querer (afectar) como un niñ@ por su Madre. En ese lugar Somos Nosotros Mismos en Esencia.
martes, 3 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
ESO NO-DUAL
«Cuando se calla el ego, que es callar los recuerdos y es callar los proyectos, ahí está el “testigo” advirtiendo que la belleza, la inmensidad, la complejidad, la sabiduría y la conciencia lo invaden todo. El testigo comprende de inmediato que no hay sujetos ni objetos, que sólo hay “eso no-dual” que yo también soy» (Marià Corbí).
martes, 31 de enero de 2012
¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?
Érase una vez un anciano que tenía un caballo para que lo ayudara a labrar la tierra y poder cultivar su campo. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del lugar se acercaban al anciano para darle sus condolencias y lamentar su desgracia, el anciano les dijo: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?
Una semana después, el caballo volvió con una manada de caballos salvajes; tantos que aquella miserable finca pasó a ser una de las que más animales poseía. Entonces los vecinos felicitaron al anciano por su buena fortuna. Pero, éste respondió de identica forma: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?
Cuando el hijo del anciano intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió la pierna. Todo el mundo consideró eso como una desgracia. No así, el anciano se limitó a decir una vez mas: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?
Una semana mas tarde, el ejército entró al poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del anciano con la pierna rota, lo dejaron tranquilo ¿Había sido buena suerte? ¿mala suerte? ¿Quién sabe?
Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser el disfraz del bien , ya decía aquel viejo refrán, tan viejo pero tan usado “Las apariencias engañan”. Y viceversa: Todo lo que parece bueno a primera vista puede terminar siendo algo dañino que puede dejar cicatriz para toda la vida.
Seríamos más sabios si dejásemos de juzgar las cosas de buenas a primera y agradecieramos las cosas que nos van ocurriendo en el día a día.
miércoles, 25 de enero de 2012
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