lunes, 18 de junio de 2012

Lectura de la VOCACIÓN de MOISÉS I


3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.
3:2 Y se le apareció el Angel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.
3:3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

En el día a día,
en el trabajo que realizamos cada día,
en los momentos que compartimos con nuestros seres queridos,
en los instantes en los que nos cruzamos con tanta gente que viene y va,
en el caminar diario,
en...
te haces el encontradizo,
nuestros caminos se encuentran.
Me gustaría poder decirte
que soy capaz de verte en los gestos más insignificantes,
pero... me conoces demasiado bien,
sabes que para acercarme hacia ti
has de despertar mi curiosidad.
¡Te doy gracias, Padre, porque sales a mi encuentro!
¡Te doy gracias, Padre, porque llamas mi atención en la rutina de cada día!
¡Te doy gracias, Padre, por estar aunque yo no lo perciba!


3:4 Viendo el Señor que él iba a ver, lo llamó de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.
3:5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.
3:6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo temor de mirar a Dios.

Despiertas mi curiosidad
y como un “niño juguetón” me acerco sin reservas hacia ti.
Quiero ver tu rostro.
Quiero saber de ti.
Quiero descubrir quién eres.
Quiero...
Demasiada curiosidad,
demasiados deseos de saber,
demasiadas preguntas que dan lugar a muchas más.
En la avalancha de interrogantes no contestados y deseos por conocerte,
me llamas por mi nombre.
De la ansiedad por saber y conocer paso a la tranquilidad de saber que estás aquí.
Mi corazón ansioso se va sosegando.
Escucho tu voz y me siento en una calma paz,
mientras me dices algo de ti.
Soy consciente de que para conocerte hace falta tiempo,
tanto tiempo como el que necesitan los verdaderos amigos.
Espero dedicarte el tiempo que (casi de manera imperceptible) tú me dedicas,
y espero que nos vayamos conociendo cada día un poquito más en la camino de la vida.
Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”
Tu rostro buscaré Señor,
no me escondas tu rostro.

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Por qué los gansos vuelan en "V"?

La ciencia ha descubierto que los gansos vuelan formando una V porque cada pájaro bate sus alas produciendo un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Volando en V la bandada completa aumenta por lo menos un 71% más su poder de vuelo, a diferencia de que si cada pájaro volara solo.

Cada vez que el ganso se sale de la formación, siente la resistencia del aire y se da cuenta de la dificultad de volar solo. Por lo anterior, de inmediato se incorpora a la fila para beneficiarse del poder del compañero que va delante.

Cuando el ganso que va en cabeza se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso o gansa toma su lugar. Los gansos que van detrás producen un sonido propio de ellos para estimular a los que van delante para mantener la velocidad.

Cuando una gansa o ganso enferma o queda herida, dos de sus compañeras se salen de la formación y la siguen para ayudarla o protegerla. Se quedan con ella hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muera. Sólo entonces las dos compañeras vuelven a la banda o se unen a otro grupo.

Parece que cuando compartimos una dirección común y tenemos sentido de comunidad, podemos llegar a donde deseamos más fácilmente y más rápido. Este es el beneficio del mutuo apoyo.

jueves, 12 de abril de 2012

De la CRUZ a la LUZ

La cruz está inscrita en la vida del hombre. Querer excluirla de la propia existencia es como querer ignorar la realidad de la condición humana. Hemos sido creados para la vida y, sin embargo, no podemos eliminar de nuestra historia personal el sufrimiento y la prueba. (Juan Pablo II)

jueves, 5 de abril de 2012

DÉJATE QUERER, PARA PODER QUERER

Infinitos son sus nombres: Unidad Divina que todo lo conecta (norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y dentro); la Madre Tierra que nos da la vida, nos sustenta y nos cuida; La siempre brillante Luna protectora y sabía; las lágrimas de Ra (el Sol) que al caer sobre tierra modelaron del desierto a la humanidad; el Padre de todo que al exhalar su hálito de vida sobre el barro dio origen al hombre y a la mujer; La Luz que nos alumbra, nos guía y muestra el camino; la… ; el…

¿Cómo entender semejante grandeza desde nuestro ser finito? Quién haya probado sólo un instante la “infinitud” de alguno de sus nombres ya ha probado parte de la inmortalidad que nos espera. Para algunos será volver a esa corriente de la Unidad Divina; para otros volver a la Madre Tierra o a las arenas del desierto y resurgir de ella; para otros acceder a otra vida con una Luz que jamás se apaga y da un calor eterno.

Sólo en la Soledad de estar con uno mismo, sólo en la soledad de la vida (esa que alguna vez todos sentimos), sólo en ese ser y sentirse “vulnerable”, sólo en ese momento donde afloran los “miedos” es donde sentimos la breve, pero intensa experiencia de la inmortalidad. ¡Ese silencio que tanto miedo nos da y al que muchas veces nos resistimos ha de ser tan intenso, tan vivido! No hay otra manera de llegar que cruzar el desierto de nuestro corazón en total silencio y en total soledad.

Y es ahí, en ese momento, cuando salen todos nuestros “dragones” cuando aparece El o Ella, como un Padre o una Madre que vela a nuestro lado, como una Madre que está junto a su hijo doliente queriéndote con todo su corazón. Es entonces… cuando sentimos ese amor de madre que mitiga lo más hondo de nuestro ser. Es entonces… cuando la palabra AMOR cobra sentido, porque en ese estado interior de plena escucha es cuando uno se siente amado por… (ponle el nombre que quieras), se siente amado por… esa Madre tan cercana, es en ese estado donde se disuelven nuestras culpas, nuestros miedos, nuestras faltas, nuestras “paranoias”, nuestros…, nuestras…

En ese lugar interior, además, es donde experimentamos un cariño liberador; aprendemos a querer más limpiamente porque nos hemos sentido queridos de verdad. Ya no importan nuestros “fallos”, nuestras “culpas”, nuestros “sinsentidos”… Ya no importan el “mal” que hayamos hecho o nos hayan podido hacer, Ya no importan… porque la razón que nos mueve es querer al que tenemos al lado, a quien vemos y a quien no vemos.

La invitación es clara: Haz silencio todos los días, conéctate al “Todo que te quiere” (usa el nombre que quieras usar) y déjate querer (afectar) como un niñ@ por su Madre. En ese lugar Somos Nosotros Mismos en Esencia.