viernes, 7 de marzo de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
martes, 24 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
¿IR MÁS ALLÁ?
La soberbia, la envidia, la gula, la lujuria, la avaricia, la pereza y la ira son los vicios del ego que nos mantienen atascados en nuestra vida sin posibilidad de crecimiento.
Podemos librarnos
de ellos…
-
La SOBERBIA deja paso a la HUMILDAD.
-
La ENVIDIA deja paso a la CARIDAD, esto es, desear y
hacer siempre el bien al prójimo.
-
La GULA deja paso a la TEMPLANZA.
-
La LUJURIA deja paso a la HONESTIDAD.
-
La AVARICIA deja paso a la GENEROSIDAD y a la
satisfacción por todo lo que tenemos.
-
La PEREZA deja paso a la VOLUNTAD y compromiso de OBRAR bien.
-
La IRA deja paso a la PACIENCIA y a la COMPASIÓN no
violenta.
Así es como el reino del ego envenenado se
convierte en un espacio dentro del cual podemos despertar.
Señor, ayúdame a decir la verdad
delante de los fuertes.
Y a no decir mentiras para ganarme
el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna no me quites la
razón.
Si me das éxito no me quites la
humildad.
Si me das humildad no me quites la
dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara
de la moneda.
No me dejes inculpar de traición a
los demás,
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a
mi mismo,
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si
triunfo,
ni en la desesperación, si fracaso.
Mas bien recuérdame que el fracaso,
es la experiencia que precede al
triunfo.
Enséñame, que perdonar es un signo
de grandeza.
Y que la venganza es una señal de
bajeza.
Si me quitas el éxito dame fuerzas
para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente
dame valor para disculparme,
y si la gente ofende dame valor para
perdonar.
Señor, si yo me olvido de ti, nunca
te olvides de mí.
(Oración sobre la HUMILDAD de Mahatma
Gandhi)
martes, 19 de noviembre de 2013
Adora y confía
No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado,
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote,
y conserva siempre sobre tu rostro,
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca,
antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te deprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en el nombre
de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso,
cuando te sientas apesadumbrado, triste,
adora y confía.
(Teilhard de Chardin)
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado,
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote,
y conserva siempre sobre tu rostro,
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca,
antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te deprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en el nombre
de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso,
cuando te sientas apesadumbrado, triste,
adora y confía.
(Teilhard de Chardin)
lunes, 21 de octubre de 2013
¿Una terapia peligrosa?
Estoy en una sala cuadrada no muy espaciosa,
haciendo una dinámica con unas cuarenta personas que no conozco. En este juego
que por su rapidez me impide apenas recordar dos o tres nombres, se me acerca
un compañero y a bocajarro me pregunta:
-
¿Quién es Dios para ti?
Me sorprendo contestándole de manera concisa
y sin titubeo ninguno:
-
Es Aquel en quien me
encuentro.
Perplejo por mi respuesta, en ese instante comienzo
a notar una serenidad y una alegría en lo más profundo de mi corazón. Me siento
habitado
por Aquel en quien soy.
Cierro los ojos, respiro hondamente varias
veces y un gesto precioso se empieza a dibujar en mi interior: es un abrazo.
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