miércoles, 27 de octubre de 2010

Camino de Sencillez

Señor, conviérteme en tu canal de paz
para que
donde haya odio, pueda llevar amor;
donde haya mal, pueda llevar el espíritu de perdón;
donde haya discordia, pueda llevar la armonía;
donde haya error, pueda llevar la verdad;
donde haya duda, pueda llevar la fe;
donde haya desesperación, pueda llevar la esperanza;
donde haya sombras, pueda llevar la luz;
donde haya tristeza, pueda llevar la alegría.
Señor, permite que desee dar consuelo
más que recibirlo,
entender que ser entendido,
amar que ser amado.
Porque olvidándose de sí mismo
es como uno se encuentra;
es perdonando como uno es perdonado;
es muriendo como uno despierta a la vida eterna.

                                    (Teresa de Calcuta)

Oración de la PAZ

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Donde haya odio, sembremos amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya discordia, unión;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya tinieblas, luz;
donde haya tristeza, gozo.
Concede que no busquemos ser consolados,
sino consolar;
ser comprendidos, sino comprender;
ser amados, sino amar.
Porque dando, es como recibimos;
perdonando, es como somos perdonados;
y muriendo, es como nacemos a la vida eterna.

                               (San Francisco de Asís)

domingo, 17 de octubre de 2010

NI AYER NI MAÑANA

En cada semana existen dos días por los cuales no tendríamos que preocuparnos jamás. Dos días que tendrían que estar libres de temores y pesares.
Uno de ellos es el ayer, con sus errores e inquietudes, sus yerros, sus males y sus penas. Ayer se escapó de nuestras manos y ya se ha ido para siempre. Aunque se posea todo el oro del mundo no sería posible revivir el día de ayer. Por lo tanto, no podemos borrar ni uno solo acto de nuestro actos, ni quitar una sola de las palabras que hemos pronunciado en el ayer. Ayer no está ni estará nunca más.
El mañana es otro día por el cual no tendríamos que preocuparnos, aún con sus posibles adversidades, sus bellas promesas y la inquietud de sus realizaciones. Mañana está también fuera de nuestro alcance. Mañana el sol se levantará con todo su esplendor o con una pantalla de nubes, pero hasta ese instante no tenemos poder sobre mañana porque aún está por llegar.
Nos queda un solo día: el hoy.
Todas las personas pueden librar un combate de un solo día. Y ganarlo. Solamente cuando agregamos el peso de esas dos eternidades terribles que son el ayer y el mañana, es que estamos vencidos.
No son las pruebas del día las que preocupan al hombre, es lo que no se pudo resolver ayer y las dudas acerca de lo que nos pueda traer el mañana.
Vivamos, pues, un día a la vez y disfrutemos más de él.

(por Teresa Aseguín)

sábado, 16 de octubre de 2010

QUEDA PROHIBIDO...

¿RESPIRAS? ¡pues VIVE!

"La tragedia de esta vida no es que termine tan pronto, sino que tardemos tanto en empezar a vivirla”. Esta acertada cita del filósofo y psicólogo alemán W.M. Lewis es hoy la base de mis reflexiones. Probablemente el hecho de que hace unos días haya cumplido mi medio siglo de vida física y por las mismas fechas mi padre haya apagado 80 velas y mis sobrinos inicien el reto adolescente a sus 13 y 15 años me llevan a pensar en la vida y la muerte. ¡Pero, ni mucho menos, con tintes negativos! Al contrario, con conciencia, alegría y agradecimiento.
No soy de raza gitana y sin embargo en mi entorno familiar y social pensar o hablar del final de la vida es “yuyu”, algo a lo que se le da esquinazo y así es como si no existiera.
Si hay algo seguro en esta incierta vida es que se acaba. Con la primera inhalación traemos de fábrica el último suspiro. Y esto que sabemos pero nos negamos a aceptar es, para mí, la chispa de la vida, su motor.
Con independencia de las creencias espirituales y religiosas o la incredulidad de cada cuál, en mi opinión, ante el regalo de la vida, de este tiempo que pasamos en nuestro bello planeta, la opción inteligente y agradecida es ¡vivir! Y es, precisamente,  lo que no hacemos. Por mucho que en el S. XXI el avance técnico, científico y social sea enorme, en comparación con épocas anteriores, en este tema nuestra actitud sigue siendo la del tiempo de los mamuts: sobrevivir y recorrer nuestro camino dando bandazos.
Seguimos siendo “ciegos y sordos” a todos los mensajes e información que nos siguen repitiendo los grandes “vividores” del mundo. Y a pesar de que tenemos todos los medios al alcance de la mano para conocerlos, preferimos seguir en la inopia, cuando no despreciarlos, y estar muertos en vida, zombis, desperdiciando nuestro tiempo lamentando el pasado, que no existe más que en nuestra mente, o, mas irracional aún, pretendiendo revivirlo, y fantaseando con un futuro inexistente. ¿Y este preciso momento, ahora, hoy, el presente, el regalo de la vida?
Este momento es el único tiempo que tenemos. Es indiferente que la partida de nacimiento nos fije que llevamos 50, 80 o 3 años en este mundo. Todos, sin excepción, solo tenemos este momento, ¡ahora! Por eso siempre estamos a tiempo, aún es posible ¡vivir! plenamente, deliberadamente. Es la libertad de que disponemos: la de elegir que pensar, que creer, que sentir, de que hablar, con quién relacionarnos, que hacer, que dejar… en este momento.
Me pregunto: si no existieran los calendarios, ¿qué edad tendríamos? Yo tengo la edad de mis ilusiones, de mi entusiasmo, de mis ganas de reír, disfrutar y divertirme, de mi capacidad intelectual, de expresar cariño y recibirlo, de echar una mano a otros, de ser productiva, de abrir mi mente y aceptar y afrontar los retos y  cambios…cada momento, cada día.
La juventud, la madurez, la vejez están en la mente y sus efectos en el cuerpo. “Así como piensa el hombre es su vida”. La nueva biología y la neurociencia nos lo demuestran. La calidad de nuestra vida está en nuestros pensamientos y actitud y no en los números de nuestra edad. Y tanto si lo crees, como si no, tienes toda la razón.
Por mi parte, yo elijo: ¿respiro?, pues ¡vivo! Y doy gracias.
Ana Novo
Autora de “Elige tu vida, ¡ahora!”

PENSAMIENTOS para reflexionar