sábado, 8 de junio de 2013
domingo, 19 de mayo de 2013
miércoles, 27 de marzo de 2013
¿El silencio de Dios Padre?
“Sh sh sh sh
sh sh sh sh… silencio” decía con voz firme y tranquila.
“Sh sh sh sh
sh sh sh sh… silencio” invitaba con un gesto amable y apaciguador, mientras su
dedo índice se acercaba a la arqueada sonrisa impresa en sus labios.
“Sh sh sh sh
sh sh sh sh… silencio” salía de su boca de manera dulce, mientras que una de
sus manos acariciaba suavemente mi cabeza
y se posaba sobre mi hombro.
“Sh sh sh sh sh sh sh sh… Silencio” …estoy contigo…descansa…déjate descansar…relájate…silénciate…
Estoy en su regazo.
Después de días intensos y de mucho ajetreo,
por fin, me dejo en sus manos.
Ya tenía ganas.
Aquí soy más YO.
Estando en este silencio tan bueno para mi alma,
no puedo parar de pensar en los silencios de nuestra vida
y, casi automáticamente, comienzo a enumerarlos:
Hay silencios
incómodos, pero también los hay agradables.
Hay silencios
cortos que parecen eternos, pero también silencios eternos que parecen cortos.
Hay silencios
dolorosos, pero también los hay alegres.
Hay silencios
que esconden mentira, pero también los hay que esconden verdad.
Hay silencios
ante cosas sencillas, pero también los hay de puro asombro.
Hay silencio
ante las pérdida, pero también los hay frente al encuentro.
Hay silencios
cómplices, pero también los hay compartidos.
Hay silencios
que provocan, pero también los hay que equilibran.
Hay silencios
para llorar, pero también hay silencios
para sonreír.
Hay silencios
que ocultan secretos, pero también los hay que protegen.
Hay silencios
que faltan al respeto, pero también los hay que respetan.
Hay silencios
poco silentes, pero también hay silencios
“sin ruido”.
Hay silencios
por timidez, pero también los hay por conciencia.
Hay silencios
por miedo, pero también los hay por valentía.
Hay silencios
por ignorancia, pero también los hay por sabiduría.
Hay silencios…,
pero también los hay…
Estoy a gusto en su regazo y…
y… sigo divagando sobre el silencio…
Hay un silencio
que se produce en la cabeza,
¡cuánto me cuesta acallarla!
Hay un silencio que se registra en todas las
células y órganos de mi cuerpo,
¡el silencio de mi respiración acompasada con la
Dios Padre!
Hay un silencio que me rodea y me envuelve,
¡Dios Padre me cubre con su mano!
Hay un silencio
que se produce en mi interior, en lo más hondo,
un silencio
que no es sólo mio, que me penetra y que me llena
¡Ese silencio me emociona, es el silencio de Dios
Padre!
Estoy en tu regazo Dios Padre,
GRACIAS, por acogerme.
Ya no hacen falta más palabras,
simplemente guardemos silencio.
miércoles, 13 de febrero de 2013
martes, 8 de enero de 2013
sábado, 8 de diciembre de 2012
ADVIENTO, ¿en clave de interioridad?
Dios
Padre viene, pero no de fuera.
Jesús
vuelve, pero no se ha ido.
El
Espíritu es enviado, pero siempre ha estado en mi.
Hay
que superar los conceptos de pasado y de futuro,
sólo
así entraremos en la dinámica de la auténtica revelación.
Todo
nos es revelado AQUÍ y AHORA, en este mismo instante.
MANTÉN
TU FE Y HALLARÁS EL CAMINO.
Dios
es siempre el mismo, no puede cambiar.
Está
en la historia, y a la vez, más allá de la historia.
Descúbrelo
en lo hondo de tu ser y aparecerá a través de ti.
NO
tienes nada que esperar de fuera.
ADÉNTRAME,
SEÑOR, PERMITE QUE ME ENCUENTRE CONTIGO.
No
tiene nadie que venir a salvarte.
Tienes
que descubrir que estás salvado desde siempre y para siempre.
Lo
que te llegue de fuera ni aumenta ni disminuye esa salvación,
pero
puede ayudarte o impedir que la descubras y la vivas.
PADRE,
NOS AYUDAS A CRUZAR LOS DESIERTOS DE NUESTRO CORAZÓN,
AHÍ
ENCONTRAMOS LIBERTAD CRISTIANA,
ES
LA MARAVILLA DE
UN AMOR.
(basado en una reflexíón de Fray Marcos en www.feadulta.com)
(basado en una reflexíón de Fray Marcos en www.feadulta.com)
martes, 27 de noviembre de 2012
Oración del alfarero
Toma mi barro otra vez, alfarero,
recógeme con tus manos que vengo roto
y no puedo tocar con las mías tu cuerpo.
Álzame de nuevo en tu torno, alfarero,
que traigo mi gesto sin vida;
y tengo necesidad de tu gesto.
Recréame con tus dedos,
aliéntame con tu aliento;
pon en mi carne tu fuego.
Mete tu mano en mi entraña, forma mi cuenco,
un cuenco frágil, pequeño,
donde solamente quepa un corazón bueno.
Hazme otra vez, alfarero.
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