sábado, 22 de abril de 2017

Encuentros de VIDA

La piedra que desecharon los arquitectos
Es ahora la piedra angular (Mt. 21, 42)


(La Manlleva, comunidad de Tarragona)

   Son las cinco de la mañana del Domingo de Resurrección. Un grupo de personas que compartimos en La Manlleva (Tarragona) la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús nos dirigimos a lo que fue en torno al siglo X el gran poblado de Selma en Alt Camp. Nos acompañan en el camino la luz de la luna, preludio la luz que llega, y el cantar ininterrumpido del ruiseñor, que una y otra vez parece querer anunciarnos lo que acontecerá con las primeras luces del día. Mientras hacemos camino resuenan en nuestros corazones las palabras de Juan (capítulo 20, versículo 1): “El primer día de la semana María Magdalena se puso de camino hacia el sepulcro cuando todavía estaba oscuro”.

   Una hora larga de camino hasta llegar a las faldas de la colina donde se erige el castillo de Selma, fortaleza vigía en otros tiempos, y hoy venida a menos. Nos sentamos tranquilos en el verde. Con una mezcla de serenidad e impaciencia esperamos la salida del sol. Celebramos la resurrección de Jesús con este saludo al sol matutino. A las 7,14 horas exactas de la mañana y en un espacio breve de tiempo aparece un disco rojo por el horizonte que transforma el paisaje en vida. El cantar de los pájaros aumenta alegre y los primeros rayos del sol de este domingo de resurrección tocan nuestros rostros y comienzan a calentar nuestro cuerpo agradablemente. Me surge esta certeza: ¡JESÚS HA RESUCITADO!

(Salida del sol desde el poblado de Selma)

   Áquel que unos días antes había sido despojado, torturado, roto, humillado… es ahora levantado y no es regalado en el encuentro, dicho de otra manera, sólo le reconocen aquellos que se encuentran con él. Dios Padre resucita a Jesús y sólo son capaces de verlo quienes tienen esa relación personal con él, María Magdalena, sus apóstoles y sus discípulos, y… todos aquellos (la samaritana, Mateo el recaudador, Jairo, Lázaro, el centurión romano, la mujer endemoniada…) que en el camino de la vida se han topado con él ayer, hoy y mañana.

   Jesús, como ya lo hiciera durante su vida, se sigue haciendo el encontradizo hoy. Resucitó y se encontró y se encuentra con sus amigos. No salió de su boca queja ni reproche alguno, no echó nada en cara a nadie. En su pose y en su hablar no había resquemor, no había ni un ápice de querer cobrar venganza. Todo su semblante era de acogida y de alegría por poder disfrutar una vez más de aquellos que le tenían en su corazón (¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino? –Lc.24,32-). Y es que quien ama, ya no necesita perdonar. El camino hacia la VIDA que había iniciado Jesús estaba trazado, ahora sólo debíamos seguirlo.

   Y esa es la invitación que se nos hace en estos días:


¡Que hagamos de nuestros encuentros VIDA, como lo hizo Jesús!


(Estupa a la entrada de La Manlleva)

domingo, 12 de marzo de 2017

Sé un poco MÁS (comentario para cuaresma)

   La liturgía nos recuerda que llevamos diez días de Cuaresma y desde el comienzo nos ha invitado a hacer camino, incluso nos ha invitado a discurrir por el desierto de la misma manera que lo hizo Jesús durante cuarenta días. Y es que el Espíritu llevó a Jesús al desierto para el que diablo lo tentara.

   Y es que ese mismo Espíritu nos lleva al desierto para que nos enfrentemos con todo aquello que nos hace menos persona y nos empequeñece, para que enfrentemos todo aquello que en nuestra vida diaria nos aleja de nuestro ser y nos distrae de la atención a lo interior y al otro. Acaso, ¿Creemos que podemos escapar de nuestros propios “desiertos”? ¿Cuántas veces nos ha puesto la vida frente a aquello de lo que huíamos con todas nuestras fuerzas? ¿De verdad pensamos que con negar y esconder nuestros miedos y nuestros lados oscuros podemos caminar y crecer como personas? Realmente, sólo madura aquel que se ha enfrentado a sus miedos y a sus oscuridades. Y esa lucha interior (por llamarla de alguna manera) ocurre en el desierto, en esas épocas de nuestra vida que todos vivimos en las que tenemos que mirar cara a cara aquello de lo que hemos huido con tantas ganas.

   Voy intuyendo lo importante que es silenciarse y hacer consciente aquello que durante tanto tiempo he silenciado por cobardía o por miedo o por ignoracia o por… Sí, así he llegado al desierto (al que no tenía intención de ir). En un momento “duro” en el que hacer silencio es lo que más cuesta y hacerse consciente “duele”. Y precisamente es en ese desierto interior, en ese lugar donde cuesta silenciarse y donde todo el ser siente “dolor”, donde podemos renacer y donde podemos hacernos “más”.

   Jesús era maestro en esto, era maestro en ser “más”. Jesús era cada día un poco “más”. ¿Quién de nosotros está acabado con treinta o con cuarenta o con ciencuenta años? Si la VIDA es CAMINAR, es que cada día podemos ser un poco “más”. Aquí radica la importancia de atravesar nuestros propios desiertos. Si los atravesamos podremos SER un poco MÁS, y podremos ser un poco más como Jesús.

   La liturgia de hoy nos presenta el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto, el monte del Encuentro diría yo. En los evangelios Jesús se retira al monte a orar y es lo quiero rescatar de la lectura de hoy: Jesús no está sólo, su Dios que es Padre está con él siempre, pero de forma especial cuando Jesús acude al monte a rezar.


   Por eso, cuando el Espíritu nos lleve hacia algún desierto interno, busquemos una montaña silenciosa y recogida. Allí silenciémonos, hagámanos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior y con Dios Padre de la mano renovémonos y seamos un poco MÁS.

domingo, 18 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD

Si tienes problemas, si te sientes triste, si algo te preocupa, si vas a echar de menos a algún ser querido, si te va mal en el trabajo, si tienes ganas de llorar... llora. Pero no pienses que este año la navidad no va contigo. Esto de que la Navidad está hecha de risas y sonrisas y corazones esponjados es un cuento. Navidad es, desde tus sentimientos (los que sean), ser capaz de dejarte iluminar por un niño indefenso en un portal frío. Y, de paso, no está de mal recordar que lo que celebramos es Buena Noticia de un modo especial para los que sufren en este mundo.
                                                                               (Pastoral SJ)


                                                   

jueves, 10 de noviembre de 2016

Seré un colibrí

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.
(Eduardo Galeano)

Wangari Maathai: Premio Nobel de la Paz en el 2004, activista por el medio ambiente, la democracia, los derechos humanos y específicamente los derechos de la mujer, Wangari Maathai fundó el Movimiento Cinturón Verde que plantó ya más de 40 millones de árboles. En este fragmento de la película "Dirt!" cuenta la historia del colibrí.



Siempre deberíamos sentirnos como un colibrí,
puede que nos sintamos insignificantes,
pero no quiero ser un mero espectador con todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Seré un colibrí: "Lo haré lo mejor que pueda"

sábado, 24 de septiembre de 2016

Tu CASA, mi CASA, nuestra CASA...

Y descubrí que allí donde era, estaba en mi CASA,
y aquel con quien me encontraba era mi HERMANO.



La casa era una casa de hermanos,
donde todos tenían su habitación
y había habitaciones para todos.

En ella había gente y gente,
de todas las razas y colores;
inmenso tapiz
de necesarias y variadas flores diminutas.

A la hora de comer,
la mesa era amplía y redonda,
sin pies ni cabecera
y el pan se repartía abundantemente
-¿alguien más quiere pan?-
para matar todas las hambres.

Nadie apartaba a nadie,
nadie desconocía a nadie,
porque todos comían del mismo pan,
en el mismo plato.

Había humor y fiesta,
desaparecía la raíz de la muerte,
de la depresión y de la tristeza,
porque el bien y el progreso del vecino
era la corona del propio esfuerzo.

De día soñaban,
-la primera cosa era soñar-
Todos trabajaban por lo imposible
y de noche compartían sus sueños
a la luz de la inocencia y de la ternura.

Y la casa crecía y crecía,
según se necesitaba de ella;
y nunca se hundía,
y nunca se desplomaba
porque estaba construida sobre piedra firme.

Y la casa, de tanto crecer,
se hizo mundo.
Y el mundo, de tanto soñar,
Se hizo casa.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Al inicio del nuevo curso



Ventana sobre la UTOPÍA de EDUARDO GALEANO

Ella está en el horizonte. 
Yo me acerco dos pasos
ella se aleja dos pasos. 
Camino diez pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
Por mucho que yo camine,
nunca la alcanzaré. 
¿Para que sirve la utopía?
Para eso sirve, para caminar.

Al comenzar el nuevo curso nos PONEMOS EN CAMINO.
No olvidemos nuestros IDEALES y SUEÑOS educativos.
Que todos aquellos que formamos la Comunidad Educativa
vivamos este CAMINAR con ILUSIÓN y ganas de TRANSFORMAR el mundo.

sábado, 18 de junio de 2016

¿Has mirado en su/tu interior?

El Reino de Dios es como un
tesoro escondido en el campo
(Mt. 13, 44)



Echart Tolle, representante de la línea de espiritualidad transpersonal introduce su obra El poder del ahora con la siguiente parábola:
Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de treinta años. Un día pasó por allí un extraño. “¿Tienes algunas monedas?”, murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. “No tengo nada que darte”, respondió el extraño. Y luego preguntó, “¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?”. “Nada”, replicó el mendigo, “sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez has mirado en su interior?”, preguntó el extraño. “No”, respondió el mendigo, “¿Para qué? No hay nada adentro”. “Echa una ojeada”, insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro.
Tú y Yo, en cuanto creyentes, somos ese extraño que no tiene nada para dar y que invita a nuestro prójimo a mirar en ese lugar tan cercano: dentro de cada uno mismo.

Voy un paso más allá: Jesús es ese extraño que se nos acerca y que nos invita a mirar dentro de nosotros mismos para descubrir la brillante joya del Ser y la profunda e inalterable paz que se encuentra en ese lugar. Buscamos externamente plenitud, seguridad o, incluso, el amor… mientras en nuestro interior tienemos un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas, sino que es infinitamente más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.